Elementos de análisis a tomar en cuenta para un diagnóstico institucional con perspectiva de género en congregaciones e instituciones eclesiales

Por Natanael Disla

A manera de introducción

Las desigualdades en las relaciones entre varones y mujeres también están presentes en las iglesias [1]. Como en las demás instituciones sociales, las iglesias han servido de fermento para perpetuar esa desigualdad, diseñando paradigmas desde la teología y la pastoral que han discriminado a las mujeres, estableciendo y legitimando una jerarquía en donde los varones tienen la supremacía.

En este breve ensayo, exploraremos los elementos que deben tomarse en cuenta para un análisis con perspectiva de género en una institución eclesial. Hemos basado este trabajo en un pre-diagnóstico institucional con perspectiva de género, inédito, que realizamos en una iglesia bautista en Santo Domingo en 2009 [2].

Elementos para el análisis

La primera tarea a realizar en un diagnóstico institucional en una congregación, es obtener y recabar la documentación histórica de la iglesia, a fines de conocer la misma y tener una idea acabada sobre su filosofía, organización y estructura, así como datos históricos de relieve. Todo esto debe leerse en perspectiva de género, buscando cómo han sido las relaciones entre varones y mujeres tanto a lo interno como a lo externo del espacio eclesial.

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Implicancias del análisis de género en la teología

La desigualdad de género y el concepto de Dios

La desigualdad entre varones y mujeres, legitimada por el patriarcado histórico que ha permeado las relaciones entre las y los seres humanos, también se ha hecho presente en la teología y la religión.

El concepto de Dios en la teología judeocristiana ha estado marcado por un marco de pensamiento dicotómico excluyente masculino/femenino. El lenguaje utilizado para referirse a la divinidad judeocristiana es únicamente masculino. El término «Dios» es visto como categoría masculina del pensamiento teológico, acuñado y perpetuado por la racionalidad y la lógica del varón (Alida Verhoeven 1988). La teóloga feminista estadounidense Rosemary Radford Ruether (1997a) señala que las evidencias arqueológicas llevan a la conclusión de que la imagen humana más antigua de lo divino era femenina. La «Diosa» como categoría femenina ha sido vista como sinónima de libertinaje y oscurantismo. Las divinidades femeninas son vistas en la biblia como causantes de males, desorden social y paganismo.

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El niño (la niña) de Navidad

Josep Cornellà y Canals, Gerona, España

Ocurrió el día de Navidad, en un pequeño pueblo de la Cataluña central. Entré en la pequeña iglesia con el afán de descubrir románico y visitar belenes. Justo acababa la misa del mediodía. Mientras sonaban, armoniosas, las notas del “Adeste Fideles”, una hilera de feligreses ocupaba el pasillo central de la nave para ir a hacer la adoración del Niño Jesús. Me añadí. Es uno de esos actos del día de Navidad que aprendí de los abuelos y he querido transmitir a los hijos. No es que encuentre mucho sentido en besar a una figura de escayola, que representa al Niño Jesús que, con fisonomía de adulto, bendice a los que se acercan. Pero, por un día, uno anhela sentirse, también, pastor de Belén.

Cuando llegué al lugar de la adoración, quedé completamente sorprendido. En lugar de la figura de escayola, había un niño de carne y hueso, de unos tres o cuatro meses de edad, en brazos de una orgullosa madre. A la derecha, el no menos ufano padre y, a la izquierda, el sonriente padre. Me acerqué y, siguiendo el ejemplo de los demás parroquianos, besé la mano de aquel niño que, curiosamente, no dejaba de sonreír.

No sé el porqué ese niño, para mí anónimo, ocupaba el lugar del Niño Jesús en aquel acto. No importa. Era un acierto que hiciéramos una reverencia, un beso de homenaje, a todo lo que significaba un tierno niño (por cierto, era una niña) que poco a poco iba abriendo los ojos al mundo. Recordé como Tagore dice que en todo niño que nace, Dios manifiesta que aún mantiene su esperanza en la humanidad. Y, por tanto, la inocencia de un niño siempre es un motivo de alegría y una razón para el compromiso.

En ese pequeño pueblo de nuestra tierra se repetía la misma historia de la noche de Navidad. Y de hecho es la eterna historia de la humanidad: nace un niño, aparece un nuevo aliento de vida, y somos invitados a no tener miedo, alimentar la esperanza, a creer que no todo está perdido. Los pastores de Belén también sufrían los efectos de una crisis aguda. Pero, según dicen, al volver del pesebre de Belén, se sentían llenos de la alegría que nace de la confianza.

Hace unos días leía que Navidad es una fiesta difícil de celebrar. Quizás lo hemos complicado demasiado. Quizás la hemos sacralizado. Quizás la hemos sacado del contexto de nuestra vida de cada día. Quizás dejamos que los nuevos Herodes del consumismo hagan desaparecer la alegría de las cosas sencillas. Quizás basta con ser capaces de compartir la alegría por el nacimiento de un niño, de todos los niños del mundo. Y creer que la providencia de un Dios generoso o la misma fuerza de la historia, no ha perdido la esperanza en esta pobretona humanidad. Y, entonces, todo el mundo puede convertirse en un inmenso pesebre.

Vía Tambó, por correo electrónico.

Androcentrismo en la teología y en las iglesias: el género masculino como requisito para acceder al sacerdocio y al pastorado

Las lecturas conservadoras y androcéntricas de los textos bíblicos denigran a las mujeres por debajo de los varones, poniendo como centro de la revelación y vaciamiento divino (kenósis) a estos últimos. Dios se ha revelado y se ha «vaciado» a través del varón, señalan. Ha hecho su tienda en medio de los varones, echando a un lado a las mujeres. Hay que recordar que en el Templo de Jerusalén —«la tienda mayor»— las mujeres estaban confinadas al patio de las mujeres, y la entrada al santuario les estaba impedida sólo por ser mujeres. Sólo los varones podían pasar al santuario.

Con ese esquema social en mente se escribieron los textos bíblicos. Las primeras comunidades cristianas no estuvieron exentas de conflictos relacionados con el liderazgo de las mujeres (cf. 1 Co 14,33b-35).

En la iglesia católica se les prohíbe a las mujeres el acceso al sacerdocio, al igual que en la mayoría de iglesias evangélicas. Se toma como excusa el que Jesús de Nazaret haya designado sólo a varones como discípulos. También se toman textos como el señalado anteriormente como «impedimento divino» para que las mujeres accedan al oficio de mayor rango eclesiástico. Ello causa que en las iglesias, así como sucede en las sociedades, las mujeres continúen siendo entes reproductoras en ese sistema hegemónico y jerárquico.

La función que se abrogan las iglesias al impedir a las mujeres el acceder al sacerdocio o al pastorado, se resume en sacralizar la discriminación, la opresión y la invisibilización de las mismas, reduciéndolas a un asunto de «voluntad divina» y de porque la «biblia lo dice así».

Las actividades pastorales que ejecutan las mujeres en las iglesias están regidas por la «especificidad» de su condición de «mujeres servidoras» que la jerarquía eclesiástica les da. Actividades como el cuidado a personas envejecientes, a niñas y niños —nursery—, visitas a hospitales y demás, son ejecutadas por mujeres. El «instinto maternal» es reforzado con programas androcéntricos basados en que la mujer debe asumir el rol de «sumisa» en el hogar, y en muchos casos, recomendándosele que es mejor quedarse en casa cuidando a las/os niñas/os que trabajar fuera de casa.

Los Estudios de la Mujer y el poder entre los varones: una reseña

Bonder, Gloria. (1982). «Los estudios de la mujer y la crítica epistemológica a los paradigmas de las ciencias humanas». Trabajo presentado en el Primer Coloquio Internacional sobre Investigación y Enseñanza Relativos a la Mujer. Montreal.

Kaufman, Michael. (1997). «Las experiencias contradictorias del poder entre los hombres», en Masculinidad/es: poder y crisis. Santiago, Chile: Isis Internacional.


En las décadas de 1960s y 1970s se empezaron a articular los Estudios de la Mujer [1] en universidades de países como Estados Unidos, Reino Unido, Francia e Italia. En su ensayo, la psicóloga y educadora argentina Gloria Bonder da una mirada a través de cuatro capítulos sobre cómo fueron tejiéndose los Estudios de la Mujer en la academia.

El primer capítulo esboza las características y perspectivas de los Estudios de la Mujer en cuanto disciplina académica desde sus orígenes. La principal tarea de esta área de estudio e investigación es llamar la atención sobre la omisión y distorsión del comportamiento femenino así visto por la ciencia y la educación. Marcia Westkott, psicóloga social y profesora de Estudios de la Mujer en la Universidad de Colorado Boulder, Estados Unidos, establece cuatro aspectos en los que se han concentrado los Estudios de la Mujer: a) el concepto de ser humano como proyección de lo masculino en las ciencias humanas; b) el contenido de los conocimientos basado en la mujer como desviante de lo masculino e inferiorizada; c) los métodos utilizados para obtener esos conocimientos, mayormente basados en una lógica positivista y la negación de la valoración; y d) cuál es la finalidad del conocimiento (Bonder 1982: 28,29). A partir de aquí se tratan de establecer los primeros pasos para establecer una ciencia social para las mujeres que como propuesta, libere a las mujeres de la subordinación y la infravaloración a las que han sido sometidas. Sigue leyendo