Fiat panis: Oración en el Día Mundial de la Alimentación

Niña con pan, Balakot, Pakistán | © Maciej Dakowicz

Niña con pan, Balakot, Pakistán | © Maciej Dakowicz

Danos hoy nuestro pan de cada día

Mt 6, 11

Elevamos una oración y encendemos una vela hoy, en el Día Mundial de la Alimentación, por las más de mil millones de personas que están padeciendo de desnutrición, para que todos los sistemas que fomentan la desigualdad y la carencia de servicios básicos en las personas, sean suplantados por iniciativas de amor, empoderamiento, educación y alimentación a quienes adolecen de ellas. Amén.

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Mi experiencia con la cementera del río Isabela

Una garza se aferra a una rama para no hundirse en las aguas contaminadas del Río Isabela en el barrio Capotillo (Santo Domingo, República Dominicana). EFE/Orlando Barría | Vía Peatóm

Una garza se aferra a una rama para no hundirse en las aguas contaminadas del Río Isabela en el barrio Capotillo (Santo Domingo, República Dominicana). EFE/Orlando Barría | Vía Peatóm

Tengo una experiencia personal en relación a qué tan lejos puede llegar el daño ambiental de una cementera instalada en donde no es debido.

Me crié en Santa Cruz, Villa Mella, una de las tantas urbanizaciones que surgieron en las afueras de la ciudad a finales de los 1970’s. Viví allí veintisiete años hasta que me casé en 2006.

Para cuando nos mudamos, la Fábrica Dominicana de Cemento Colón, ya tenía instalada treinta y tres años, sirviendo sus inolvidables fundas de cemento con una carabela—barco antiguo—dibujada de color rojo. Ese fue el primer foco de contaminación de los ríos Isabela y Ozama. Recuerdo muy bien las algas que del lado izquierdo del puente Presidente Francisco J. Peynado se avisaban. Esas algas nunca dejaban ver el río de ese lado. Cuando mis padres me llevaban al colegio, día tras día observaba el gran manto verde que lo cubría. No sé porqué, pero siempre me pareció que alguna relación tendría aquella odiosa cementera y ese manto de algas, que cual serpiente verde parecía engullirse la fuente acuífera toda.

La dichosa fábrica estaba ubicada donde hoy se alojan las oficinas principales del Metro de Santo Domingo. Siempre admiré el tamaño de las grandes chimeneas que flamantes expedían en las mañanas un humo gris con una cierta tonalidad ocre. Cuando regresaba del colegio en las tardes, el humo era negro, impregnando la atmósfera del color de la noche. En plena capacidad, el humo despedido por aquel monstruo contenía diariamente cerca de veinte toneladas de partículas de sílice. [1]

En innumerables viviendas—y en la mía también—de varios kilómetros a la redonda, el polvo se hacía presente especialmente a partir de las cuatro de la tarde, cuando a la luz del sol, en contraluz, podían apreciarse partículas de polvillo blanco.

La casa donde vivía quedaba a unos cinco kilómetros de allí. Crecí con neumonía y con incómodos ataques de asma que me asaltaban en cualquier momento. Recuerdo que era desesperante. En muchas ocasiones me despertaba sobresaltado de una tos férrea, que ya a los diez minutos asaltaba mis bronquios convertida en neumonía.

Pero nadie decía nada…

Como si todo esto fuera poco, Los Guarícanos—colindante con mi comunidad—albergaba el vertedero de Santo Domingo. Por varios años sufrimos mucho con esos dos focos de contaminación. Recuerdo las indeseables partículas negras de basura quemada que me despertaban de mi siesta vespertina luego de hacer mis tareas del colegio. O aquellas odiosas partículas negras de basura quemada que me dañaban mi trabajo visual en cartulina blanca a presentar la mañana siguiente.

Pero nadie decía nada…

Como si aún todo esto fuera poco, a los tres años de habernos mudado allí, ya en 1982, a un gracioso se le ocurrió instalar una pocilga a ciento cincuenta metros de mi casa, sin ningún tipo de regulación. Ya no era posible irme a aventurar con mis amigos monte adentro en busca de «jobos de puerco» porque el fétido vaho que despedía la odiosa e improvisada pocilga hacía imposible una aventura infantil más. No tenía ningún tipo de regulación y por más y más que reclamaron los vecinos, nada se lograba. Recuerdo que los gritos de los puercos me hacían la existencia difícil porque allá a lo lejos de mi pensamiento en horas de hacer tarea, el grito de un bendito puerco me asaltaba la subconsciencia.

Pero nadie decía nada…

Luego de una serie de brebajes que me preparaban mi madre y mi abuela: aceite de higuereta, aceite de tiburón, aceite de hígado de bacalao; aceite de culebra, Tusibron®, Fortymalt®; Vick Vaporub®, Bengué, Mentiolé; no, no ‘toy relajando, me bebí todo eso; y luego de que el Estado vendiera esa odiosa cementera, luego de que el Ayuntamiento enviara el vertedero a Duquesa, y luego de que le compraron la finca al porcicultor, y luego de innumerables oraciones a Dios, a Jehová, al Espíritu Santo, al Padre-al-Hijo-y-al-Espíritu-Santo, y hasta a la Virgen de la Altagracia, me curé; no he vuelto a sufrir de neumonía.

En 1998 el Estado dominicano vendió la cementera del Isabela al gigante suizo Holderbank, quienes ganaron la licitación correspondiente. La cementera se mudó a Nigua, quitándonos esa bestia de encima.

A pesar de que actualmente los procesos son más limpios, y que hay más conciencia a nivel de ingeniería ocupacional y de ingeniería ambiental, no es menos cierto que en muchos casos el lucro está por encima de la necesidad de preservar intactos los recursos naturales y sus lugares circunvecinos.

Nuestros recursos naturales necesitan respirar, debemos preservarlos. Las zonas protegidas de nuestro país y sus cercanías inmediatas no soportarían una cementera, que aunque tenga tecnología de punta de alto nivel, tarde o temprano terminará afectando nuestra principal fuente acuífera. No dejemos que nos la invadan.

No nos oponemos a la instalación de cementeras, pero sí estas deben estar ubicadas lejos de las zonas protegidas de nuestra tierra.

No nos quedemos callados, alcemos nuestras voces y defendamos lo poco que nos queda, defendamos al Parque Nacional Los Haitises. No somos dueños de la naturaleza para disponer de ella a nuestro antojo, pertenecemos y nos debemos a la naturaleza.

Notas:

[1] Molina, Andrés. 1991. “Ecología, política, sociedad”, en Quehacer científico I: lecturas. Nélida Cairo Zabala, Fernando Ferrán Bru, César Cuello Nieto, eds. Santo Domingo: Instituto Tecnológico de Santo Domingo, 308.

Programa de Ciudadanía Ambiental CLAI/PNUMA en República Dominicana

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El Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) en República Dominicana, nos informa que el sábado 27 de junio de 2009, se estará llevando a cabo el lanzamiento del Programa de Ciudadanía Ambiental, que es un proyecto conjunto del CLAI y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

El móvil ético que fundamenta el Programa de Ciudadanía Ambiental CLAI/PNUMA es «hacer que el mundo sea una casa habitada para todos y todas y por todos y todas».

La situación del medio ambiente en nuestro continente, sólo por centrarnos en una parte del devastado planeta, es altamente crítica y hay que cambiarla porque la naturaleza puede vivir sin el ser humano, pero el ser humano no puede vivir sin la naturaleza. La tendencia de destrucción ambiental debe ser revertida y construir procesos hacia la sustentabilidad, es decir, utilizando los recursos naturales del presente cuidando su uso para que en el futuro otros puedan disfrutarlo también, se hace cada vez más imperioso.

El Proyecto formula trabajar los siguientes temas ambientales globales: Diversidad Biológica (Biodiversidad); Cambio Climático; Aguas Internacionales y; Adelgazamiento de la Capa de Ozono.

Forman parte del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) en República Dominicana, la Iglesia Metodista Libre, Iglesia de Dios, Iglesia Episcopal Dominicana—Comunión Anglicana, Iglesia Evangélica Dominicana, Templos Evangélicos e Iglesias Bautistas de República Dominicana, y el Servicio Social de Iglesias Dominicanas, como miembro fraternal en solicitud de admisión.

El evento se llevará a cabo el sábado 27 de junio de 2009 en el Centro Diocesano de la Iglesia Episcopal de República Dominicana, ubicado en la calle Santiago 114, Gazcue, Santo Domingo, a las 10:00 am.

Relacionado:

Recordando a los héroes del 14 de junio

Himno del 14 de Junio

Llegaron llenos de patriotismo,
enamorados de un puro ideal
Y con su sangre noble encendieron
la llama augusta de la libertad.
Su sacrificio que Dios bendijo
la Patria entera, glorificará
Como homenaje, a los valientes
que allí cayeron por la libertad.

14 de Junio, gloriosa gesta nacional.
Tus mártires están en el alma popular
Hermanas Mirabal, heroínas sin igual
Tu grito vibrante, es el alma de la Patria inmortal.

Llegaron llenos de patriotismo,
enamorados de un puro ideal
Y con su sangre noble encendieron
la llama augusta de la libertad
Su sacrificio que Dios bendijo
la Patria entera, glorificará
Como homenaje, a los valientes
que allí cayeron por la libertad.

Música: Héctor Jiménez
Letra: Vinicio Echavarría, Leandro Guzmán, Angel Concepción

© Fundación Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo

© Fundación Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo

¿Qué sucedió el 14 de junio de 1959 en República Dominicana?

El 14 de junio de 1959 una tropa expedicionaria salida de Cuba llegó por avión a Constanza, en el corazón de la Cordillera Central, con el fin de iniciar una guerra de guerrillas contra la tiranía de Rafael Trujillo. Seis días después otros dos contingentes llegaron en sendas embarcaciones a las playas de Maimón y Estero Hondo, en la costa norte. Esos contingentes estaban compuestos por dominicanos de variadas tendencias políticas que habían estado exilados en Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Estados Unidos y México. Estuvieron acompañados por cubanos, venezolanos, puertorriqueños y unos cuantos revolucionarios más de otras nacionalidades.

La expedición fue producto del cambio de la situación internacional en América Latina a consecuencia del triunfo de la Revolución Cubana, el 1 de Enero de 1959. Muchos revolucionarios de America Latina llegaron a la conclusión de que se abría una nueva época, en que se haría factible el derrocamiento de las dictaduras y la subsiguiente instauración de regímenes demcrático-revolucionarios. Los exilados dominicanos, en especial, desplegaron una intensa solidaridad con la lucha revolucionaria en Cuba, consicientes de que su triunfo coadyuvaría a la creación de condiciones para el derrocamiento de Trujillo. Varios de ellos tomaron parte en las acciones en Sierra Maestra, como Enrique Jiménez Moya.

Desde el mes de enero de 1959 se inciciaron los preparativos para la expedición con apoyo de los gobiernos de Cuba y Venezuela. En marzo se estableció un campamento para el entrenamiento de los expedicionarios en Mil Cumbres, provincia del Pinar del Río, Cuba. En esos mismos días se celebró un congreso de unidad de las principales organizaciones de exiliados dominicanos, que dio lugar a la creación del Movimiento de Liberación Dominicana (MLD) y a la designación de Enrique Jiménez Moya como jefe de la expedición, quien pasó a ser asistido por Delio Gómez Ochoa, comandante cubano de Sierra Maestra y viejo activista a favor de la causa democrática dominicana. En ese congreso se aprobó un programa mínimo, redactado por el doctor Juan Isidro Jiménez Grullón, en el que se enunciaban los objetivos que se deberían aplicar después del derrocamiento de la tiranía: reforma agraria, confiscación de los bienes de Trujillo, libertad sindical, promoción de los sectores populares, plena soberanía nacional, entre otros.

Tras su llegada al suelo patrio en junio, los expedicionarios fueron fácilmente derrotados por el ejército de la tiranía. La mayoría de ellos fueron capturados y sufrieron bárbaras torturas antes de ser fusilados. Este rápido desenlace se explica porque los dirigentes del MLD no comprendieron que las condiciones de República Dominicana bajo la muy férrea tiranía de Trujillo eran completamente diferentes a las que habían existido en Cuba bajo Fulgencio Batista. Este dictador tuvo mucho menos nivel de control en Cuba, por cuanto se habían librado importantes luchas previas y existían organizaciones urbanas que pudieron brindar apoyo a la acción de Sierra Maestra. Trujillo, en cambio, había logrado establecer un control total que impedía cualquier forma de organización y lograba mantener un estado de terror en la población. De tal manera, los campesinos colaboraron con el ejército, y los antitrujillistas del interior del país, casi todos aún dispersos o desorganizados, no lograron desencadenar acciones de apoyo a los expedicionarios.

A pesar del fracaso militar, la expedición en cierta manera cumplió su cometido, pues marcó el inicio del fin de la tiranía. El ejemplo de la inmolación por la libertad brindado por los combatientes de La Raza Inmortal—como se les llamó—sirvió de aliciente para que miles de jóvenes decidieran al unísono incorporarse a la lucha clandestina. En los estratos educados de la juventud urbana la lucha se tornó en un imperativo moral por el repudio que provocó la forma despiadada con que fueron exterminados los expedicionarios. A consecuencia de ello, se fueron formando con suma rapidez colectivos clandestinos que perseguían llevar a cabo lo que había fracasado en junio. Muchos de estos núcleos terminaron siendo coordinados por un equipo de veteranos de la acción clandestina entre los que sobresalieron los héroes revolucionarios Manuel Tavárez Justo y Minerva Mirabal.

Esta disposición a la lucha, de por sí, significaba que la dictadura había entrado en una crisis irreversible, ya que hasta entonces se había sustentado en la capacidad para someter a la población a base del terror. Tal cambio se puso de manifiesto con motivo de la extraordinaria amplitud que logró la organización clandestina, en la cual se involucraron miles de personas de casi todas las ciudades del país. Pertenecían a variadas clases sociales y se contaban mujeres, seminaristas, sarcedotes, artesanos, profesionales universitarios, obreros, comerciantes, campesinos y estudiantes, algunos hijos de funcionarios prominentes del régimen. El 10 de enero de 1960, cuando se consideró que se habían creado las condiciones para reiniciar el combate armado, fue formalmente fundado en Guyacanes, Mao, el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, organización que unificó a los diversos núcleos clandestinos. Con su designación se enaltecía el ejemplo de los expedicionarios de junio y se adoptaban los objetivos por los que habían combatido. La Raza Inmortal del 14 de junio encontró un relevo multiplicado en la juventud dominicana cuya decisión tornaba ya imposible la persistencia a largo de la tiranía.

Fuente: Fundación Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo.

Domingo de Ramos: un hombre humilde es aclamado por el pueblo de Jerusalén

Domingo de Ramos

De la reflexión bíblica semanal de la Red Ecuménica Bíblica Dominicana:

INTRODUCCION: En esta semana celebramos unos acontecimientos muy importantes para la fe cristiana: la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. El es asesinado como consecuencia de un mensaje de salvación y unas acciones de solidaridad y liberación, comprometidas a favor de la vida. Su ejemplo nos motiva a vivir como criaturas nuevas, construyendo cada día el proyecto de otro mundo posible, a pesar de las dificultades que tenemos que enfrentar.

Los días Jueves, Viernes y Sábado Santos, son, según la tradición cristiana, los días más importantes de la Semana Santa. Se le suele llamar el triduo pascual. Ojalá que estas celebraciones nos ayuden a fortalecer nuestra fe en Jesucristo, el hijo del Dios vivo, y en el compromiso con el Proyecto de defensa de la vida de todos y todas, y en especial de las y los débiles y excluidos sociales.

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