Un cuerpo transgresor: una política de localización

Mi cuerpo es y ha sido una transgresión. No atado a los cánones, siempre encontré en la espiritualidad cristiana un dejo de crítica a lo establecido. Saberse anabautista radical no nombrado debe ser lo más parecido cuando se quiere ser posmoderno sin romper con el pasado de la “vuelta a lo sagrado”.

Me ubico en una confluencia de sentires descolocados. Mestizo por no ser ni negro ni mulato, ni blanco ni trigueño. Mestizo por estar aquí y allí: en medio de lo secular y lo sagrado; a medio camino entre el fruto de la nada (Meister Eckhart) y una isla partida en dos.

Sigo trillando el camino de vivir mi masculinidad, no una nueva por vivir, pero tampoco la misma que había vivido.

Cuando me vi en el espejo de mis etiquetas eché a correr. Jehú, mi héroe bíblico favorito en mi infancia, porque era intrépido y el tiempo le pasaba por encima, forjó mi masculinidad aprendida.

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Los Estudios de la Mujer y el poder entre los varones: una reseña

Bonder, Gloria. (1982). «Los estudios de la mujer y la crítica epistemológica a los paradigmas de las ciencias humanas». Trabajo presentado en el Primer Coloquio Internacional sobre Investigación y Enseñanza Relativos a la Mujer. Montreal.

Kaufman, Michael. (1997). «Las experiencias contradictorias del poder entre los hombres», en Masculinidad/es: poder y crisis. Santiago, Chile: Isis Internacional.


En las décadas de 1960s y 1970s se empezaron a articular los Estudios de la Mujer [1] en universidades de países como Estados Unidos, Reino Unido, Francia e Italia. En su ensayo, la psicóloga y educadora argentina Gloria Bonder da una mirada a través de cuatro capítulos sobre cómo fueron tejiéndose los Estudios de la Mujer en la academia.

El primer capítulo esboza las características y perspectivas de los Estudios de la Mujer en cuanto disciplina académica desde sus orígenes. La principal tarea de esta área de estudio e investigación es llamar la atención sobre la omisión y distorsión del comportamiento femenino así visto por la ciencia y la educación. Marcia Westkott, psicóloga social y profesora de Estudios de la Mujer en la Universidad de Colorado Boulder, Estados Unidos, establece cuatro aspectos en los que se han concentrado los Estudios de la Mujer: a) el concepto de ser humano como proyección de lo masculino en las ciencias humanas; b) el contenido de los conocimientos basado en la mujer como desviante de lo masculino e inferiorizada; c) los métodos utilizados para obtener esos conocimientos, mayormente basados en una lógica positivista y la negación de la valoración; y d) cuál es la finalidad del conocimiento (Bonder 1982: 28,29). A partir de aquí se tratan de establecer los primeros pasos para establecer una ciencia social para las mujeres que como propuesta, libere a las mujeres de la subordinación y la infravaloración a las que han sido sometidas. Sigue leyendo

Una voz contra la violencia y a favor de la igualdad

Stalin Montero, Sandra Peña y Ernesto Díaz

Me ha dado mucha alegría leer esta nota en el Listín Diario. Iba a participar en esta entrevista, pero por diversas causas no pude asistir. Dos compañeros de luchas por la igualdad que aprecio mucho tomaron parte en esta entrevista: Stalin Montero y Ernesto Díaz, ex-compañeros del Diplomado para el Desmonte de la Masculinidad Agresora en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo. A Sandra Peña la conocí hace dos semanas en una jornada de paternidades que animé en Sabana Perdida.

Reposteado desde el Listín Diario:

Por Coralis Orbe

Desde hace cuatro años, varias organizaciones del país han formado una red para cambiar la forma de pensar sobre el tema de la violencia, el cual da muchos dolores de cabeza a la población dominicana. Sandra Peña, maestra de la escuela Fe y Alegría; Ramón Stalin Montero, egresado del Diplomado para el Desmonte de la Masculinidad Agresora de INTEC y Ernesto Díaz, gerente de incidencia política de Plan por la Niñez, expresaron su experiencia en estos años y qué buscan con este proyecto.

Según Peña, las Redes Locales para una Vida sin Violencia se preocupan por romper con ese viejo modelo que hace ver diferencias entre el hombre y la mujer. «Sentar a los niños sin distinción de sexo, no dividirlos porque sean hembras y varones, enseñarles a los niños cómo dirigirse hacia los demás y orientar a los educadores sobre el papel que debe jugar la escuela para que en un futuro los niños no sean agresores, ni violentadores de la naturaleza de género», señala Peña.

Con respecto al tema de masculinidad, Montero sostiene que se trata de plantear un nuevo modelo con una visión patriarcal [sic] y trabajarlo para que seres humanos que van adquiriendo su personalidad cambien su forma de pensar y posteriormente no se conviertan en agresores.

Aunque la gente le tiene temor al cambio, tenemos la esperanza de que los niños crezcan en una sociedad mejor donde todos sean iguales.

Sandra Peña, maestra de la escuela Fe y Alegría

«Este modelo plantea una nueva forma de socializar con el entorno y con uno mismo, es decir, cambiar la manera en cómo nos relacionamos, plantear una nueva forma de ejercer la paternidad de manera más activa y que no se preocupe sólo en lo económico», especifica Montero. Además, dice que el modelo de masculinidad va enfocado en la formación de los hijos en la perspectiva del amor, la educación y los valores. «Se trata de compartir con los hijos, esa tarea que históricamente le han sido atribuidas a la mujer, como llevar a los niños al colegio, ayudarlos con sus tareas, que compartan tiempo de calidad con ellos», añade.

En el sur

Díaz, en representación de Plan por la Niñez, explica que ellos trabajan en provincias del Sur del país como San Juan, Barahona, Azua, Pedernales y Elías Piña. Este proyecto está desarrollado dentro del programa de prevención de la violencia y maltrato infantil (componentes específicos para el desmonte de la masculinidad agresora) y consiste en módulos de trabajo de sensibilización en adolescentes y niños menores de 18 años.

«Aunque la gente le tiene temor al cambio, tenemos la esperanza de que los niños crezcan en una sociedad mejor donde todos sean iguales», dice Peña. La red se preocupa por la formación social desde una perspectiva más justa.

Futuros proyectos de la red

Ernesto Díaz y Stalin Montero forman parte del diplomado Modelo para el Desmonte de la Masculinidad Agresora, que coordina el docente e investigador social Angel Pichardo Almonte [sic].

Sandra Peña participó en el diplomado Redes Locales para la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres y el Abuso Infantil.

Según éstos, ambos esfuerzos tienen la finalidad de buscar una respuesta positiva a la violencia contra las mujeres y el abuso infantil. El objetivo es tratar de controlar ambas problemáticas desde sus causas, situadas en la construcción social de la masculinidad violenta, además motivan a las distintas instituciones y organizaciones que inciden en los municipios, comunidades, provincias y otras localidades para que se unan a este proyecto.

Datos ofrecidos por la Universidad Intec especifican que con el auspicio de Philip Morris International, el Centro de Estudios de Género ejecuta el proyecto Redes Locales para la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, el Abuso Infantil y el Desmonte de la Masculinidad Agresora en Azua, San Pedro de Macorís y los municipios Santo Domingo Norte, Santo Domingo Este y Guerra, con el fin de potenciar los trabajos en red.

El nexo de la masculinidad

Mi masculinidad es un nexo, un pegamento que me une al mundo patriarcal, hace que ese mundo sea el mío y que sea más o menos cómodo para habitarlo. Mediante la incorporación de una forma dominante de masculinidad específica de mi clase, raza, nacionalidad, época, orientación sexual y religión, he logrado beneficios reales y un sentido individual de mi propio valor. Desde el momento en que aprendí, inconscientemente, que no sólo había dos sexos, sino también un significado social atribuido a ellos, el sentido de mi propio valor empezó a medirse con la vara del género. Como varón joven pude disfrutar de una dosis de fantasía que amortiguara la falta de poder que existe en la temprana niñez, porque inconscientemente comprendí que yo pertenecía a esa mitad de la humanidad con poder social. Mi capacidad, no sólo de asumir los roles sino también de aferrarme a ese poder —aun si, al principio, existía únicamente en mi imaginación— fue parte del desarrollo de mi individualidad.

Michael Kaufman. 1997. «Las experiencias contradictorias del poder entre los hombres», en Masculinidad/es: poder y crisis. Santiago, Chile: Isis Internacional, 70.

Ponencias en Consulta Latinoamericana de la Red Miqueas sobre misión integral, relaciones de género y violencia hacia la mujer

La semana pasada estuve participando en la Consulta Latinoamericana de la Red Miqueas sobre misión Integral, relaciones de género y violencia hacia la mujer, en Salinas, Ecuador.

Por un lado, participé en el panel Masculinidades y evangélicos, donde presenté una ponencia titulada Masculinidades y evangélicos: haciendo camino en terrenos escarpados, donde doy una mirada general sobre las masculinidades presentes en las iglesias y teologías de América Latina y el Caribe.

En un segundo momento, presenté otra ponencia titulada Experiencias con talleres sobre masculinidades en iglesias y otros espacios de República Dominicana, en donde abordo diversas experiencias recabadas tanto en talleres de masculinidades recibidos como impartidos, a fines de conocer las dinámicas presentes en los mismos y cómo estas dieron luz para dar ciertos puntos de partida sobre cómo tratar el tema en las iglesias.

Ambas ponencias y la presentación de una de ellas están disponibles en estos enlaces: