Elementos de análisis a tomar en cuenta para un diagnóstico institucional con perspectiva de género en congregaciones e instituciones eclesiales

Por Natanael Disla

A manera de introducción

Las desigualdades en las relaciones entre varones y mujeres también están presentes en las iglesias [1]. Como en las demás instituciones sociales, las iglesias han servido de fermento para perpetuar esa desigualdad, diseñando paradigmas desde la teología y la pastoral que han discriminado a las mujeres, estableciendo y legitimando una jerarquía en donde los varones tienen la supremacía.

En este breve ensayo, exploraremos los elementos que deben tomarse en cuenta para un análisis con perspectiva de género en una institución eclesial. Hemos basado este trabajo en un pre-diagnóstico institucional con perspectiva de género, inédito, que realizamos en una iglesia bautista en Santo Domingo en 2009 [2].

Elementos para el análisis

La primera tarea a realizar en un diagnóstico institucional en una congregación, es obtener y recabar la documentación histórica de la iglesia, a fines de conocer la misma y tener una idea acabada sobre su filosofía, organización y estructura, así como datos históricos de relieve. Todo esto debe leerse en perspectiva de género, buscando cómo han sido las relaciones entre varones y mujeres tanto a lo interno como a lo externo del espacio eclesial.

Estructura organizacional y distribución del poder

Al analizarse con perspectiva de género la estructura organizacional de una iglesia, debe tenerse en cuenta el balance de varones y mujeres en la institución; cómo está compuesto el organigrama, si vertical u horizontal.

El porcentaje de mujeres y varones en las tareas de dirección dará una idea clara sobre la cuestión de la autoridad y el poder. Deben compararse los porcentajes de varones y mujeres tanto en los puestos de dirección, como en los puestos de reproducción. Asimismo, deberán tenerse en cuenta las igualdades o desigualdades en aquellas tareas tradicionalmente asignadas a uno u otro sexo.

Un desbalance en los puestos de reproducción, en donde haya mayor cantidad de mujeres que de varones, pone de manifiesto una organización en donde lo reproductivo está atado a lo femenino. Ello pone a las mujeres en la iglesia en posición desventajosa. Se corre el riesgo —si es que no lo hay ya— de que teológica y pastoralmente se margine a las mujeres de no ocupar puestos de dirección.

Si ese desbalance también persiste en los puestos de dirección, estamos entonces ante un grave problema de invisibilización y discriminación de las mujeres.

Un análisis de género en un ámbito eclesial, deberá tomar en cuenta también el porcentaje de personas del total que están involucradas en la estructura organizacional de la iglesia. Ello permitirá saber si la estructura de la congregación es rígida o abierta. A mayor porcentaje de personas involucradas en la estructura, mayor abertura en cuestiones de poder y autoridad. A menor porcentaje, mayor rigidez en la estructura.

Espacios de decisión

La cuestión de las desigualdades de género y las dinámicas resultantes en un análisis de género en instituciones eclesiales, es un elemento básico que permite identificar la invisibilización y el androcentrismo que vulneran las oportunidades de las mujeres de tener voz y voto en las decisiones importantes de la congregación.

Roles
Tres tipos de roles deben analizarse y estudiarse cuidadosamente; representan el meollo de cómo las dinámicas y las relaciones de género se dan en la iglesia, y si los paradigmas presentes legitiman y afirman las desigualdades.

El primer rol se basa en las tareas productivas o actividades de dirigencia. Debe observarse cómo están basadas, si en el poder-sobre o en el poder-para. En el primer caso, la conformación de la estructura será piramidal y es un caldo de cultivo para que las decisiones de esas tareas la tomen un número reducido de personas. En ese modelo, las mujeres son dejadas de lado en las tomas de decisiones. En el segundo caso, la estructura se basará en las tareas y procesos que devienen del ser iglesia. Aquí la autoridad y el poder son compartidos. No hay jerarquía, sino personas «que facilitan» los procesos.

Otro aspecto a tener en cuenta es el modelo de relaciones de género existente en las prácticas de la iglesia. En este sentido existen dos modelos: uno, el complementarista, el cual basa las relaciones de género en el supuesto complemento de roles que tradicionalmente han sido asignados a varones y a mujeres. Este modelo negará a las mujeres toda actividad relacionada a la dirección y al liderazgo junto a los varones, y las relegará a tareas de liderazgo tradicionalmente asignadas a las mujeres dentro de las iglesias, como liderazgo entre las mujeres, los jóvenes y los niños y niñas, pero nunca así entre los varones. El otro modelo es el igualitario, que basa las relaciones de género en la igualdad. En este modelo no hay división de roles ni jerarquía de varones sobre mujeres.

Al analizar esta cuestión, debe tomarse en cuenta si la teología, el contenido de los sermones y enseñanzas que se dan en la iglesia, enfatizan la división de roles de género en el hogar y en la congregación. Una teología que sostenga que el varón está llamado a ser el proveedor de su hogar, y la mujer llamada a respetarlo y obedecerlo sumisamente, sigue el modelo complementarista, que denigra y discrimina a las mujeres. Por el contrario, una práctica eclesial que afirme la igualdad de roles, seguirá el modelo igualitario, que propugna por la igualdad de género a nivel de las iglesias.

El segundo rol es el de las tareas reproductivas o actividades de servicios. Aquí se debe analizar si las relaciones institucionales funcionan desde «lo instituido» o desde «lo instituyente». En el primer caso, es un círculo reducido de personas  —generalmente varones— quienes dictan la visión filosófica y quienes reglan cómo deben hacerse las cosas —desde lo que se va a predicar hasta abarcar todo el esquema ideológico—. Todo ello debe cumplirse irrestrictamente. Este modelo tiene sus entes de «vigilancia», que velan porque las cosas resulten tal y como lo ha planeado la dirigencia. Están allí para paliar e invisibilizar cualquier emergente crítico que surja. Este modelo es propio de estructuras opresivas y discriminatorias de las mujeres. Mientas que en el segundo caso —«lo instituyente»—, las relaciones institucionales están orientadas a las tareas y metas a realizar, aceptándose y dándole cabida a los emergentes críticos. Aquí la visión filosófica se adecúa a medida que los emergentes se van alineando con los procesos.

El tercer rol es el de las tareas comunitarias o proyectos sociales, diaconales y de solidaridad. En los modelos «instituidos» —aquellos que son cerrados y con talante misógino—, las actividades tradicionalmente relacionadas a la «fuerza», tales como construcción de iglesias, asistencia en desastres naturales, y otras similares, son realizadas por varones desde un esquema asistencialista. Mientras que las actividades relacionadas con el cuidado y la asistencia personal, como por ejemplo las visitas a hospitales, cuido de infantes, cursos de cocina y demás, son realizadas por mujeres. Un análisis de género en esta área constatará si las relaciones en el diaconado [3] entre varones y mujeres son desiguales o no.

Enfoque e ideología de los contenidos

Esta área representa la matriz para desentrañar la madeja del estado de las relaciones de género presente en las iglesias. Aquí deben contemplarse cuatro factores: a) cuáles ideas se promueven, b) qué se enseña, c) el análisis de género en la comunión, la liturgia y el espacio litúrgico y d) el análisis de género en los contenidos de materiales de enseñanza, boletines y literatura.

1)    Cuáles ideas se promueven. Este factor contempla los paradigmas que se ven reflejados en las políticas eclesiásticas e ideológicas de la iglesia, tales como: cómo se ven las relaciones de varones y mujeres en los matrimonios; qué se piensa sobre los roles de género en las parejas; cuál es la opinión sobre la división sexual del trabajo; si existe una cosmovisión creacionista o una científica del origen del universo; cuál postura se tiene frente a cómo debe ser un matrimonio y qué significado tiene ese tipo de unión; el rol de la vestimenta en la iglesia y fuera de ella; cómo es vista la «tentación» sexual; y qué significados se le da al cuerpo.

2)    Qué se enseña. Aquí se contemplan los valores que se espera que cada quien cumpla en cuanto a los roles de género, tales como: cuál modelo se endosa, si el igualitario o el complementarista; si el liderazgo eclesial, hogareño y de pareja es compartido entre varones y mujeres, o solo destinado para el varón; cómo es el rol de la mujer frente al varón; cómo se ve a la mujer y al varón en cuanto a sus emociones, si se les ve como iguales o como diferentes; qué se espera del varón y de la mujer en cuanto a las relaciones entre ambos; si el oficio de pastorado o sacerdocio es solo para varones o también incluye a mujeres; si la iglesia tiene preocupación social o, por el contrario presenta un mutismo en cuestiones sociales; y qué tan marcados son los conceptos de soberanía, poder y autoridad divina.

3)    El análisis de género en la comunión, la liturgia y el espacio litúrgico. Aquí deben analizarse varios aspectos que incluyen: quiénes celebran la comunión y ofrecen sermones, si solo varones o también mujeres; si en los sermones hay enseñanzas misóginas; cómo se maneja la cuestión del poder; si existe el recurso de «disciplina pública»; el contenido de las canciones, si enfatiza la idea de un Dios poderoso que guerrea; y si afirma la preeminencia de los varones.

Asimismo, debe analizarse la conformación del espacio litúrgico: cómo están dispuestas las personas —músicas y músicos, cantantes—; si las mujeres están invisibilizadas colocándose a un lado o detrás, si los varones aparecen en el centro o al frente; o, si por el contrario, hay libertad de que cada quien ocupe el lugar que desee.

4)    El análisis de género en los contenidos de materiales de enseñanza, boletines y literatura. Los materiales escritos y de enseñanza que utilizan las iglesias son herramientas que arrojan luz sobre las desigualdades de género que en muchos casos perviven en las instituciones eclesiales. En este aspecto, se analiza lo siguiente: los contenidos de la «Declaración de Fe» de la iglesia, si hay una exclusividad en el lenguaje o, si por el contrario, se usa un lenguaje inclusivo; si en los materiales escritos se afianza el rol maternal tradicionalmente asignado a las mujeres y el rol de proveedor mayormente encasillado a los varones como paradigma de autorrealización; si hay presencia de violencia simbólica colectiva, en donde se enfatiza la obediencia a Dios o al pastor o sacerdote; y si se coopta la corporeidad femenina, instándose a las mujeres a vestirse «recatadamente».

Factores presentes o ausentes para una equidad de género

De las instituciones presentes en nuestras sociedades contemporáneas, son las iglesias unas de las que más han contribuido con la desigualdad de género, y esto es expresado en la teología, las doctrinas, los discursos y las prácticas pastorales que, lejos muchas veces de ser una voz profética por la igualdad de género, representa una voz dañina que hunde a las mujeres en la represión simbólica, la violencia y la discriminación de la que han sido históricamente víctimas.

Consecuentemente, vale la pena, al final de nuestro diagnóstico, hacernos varias preguntas que nos llevarán a observar y concluir si en una determinada congregación se vive la igualdad de género y el respeto a las personas o, si por el contrario, la congregación es una fuente de discriminación, violencia e invisibilización de las mujeres:

1)    ¿Se contemplan acciones pastorales tendientes a acompañar a personas que no caen en el modelo hegemónico de familia nuclear, heterosexualidad y de clase social acomodada? ¿Se toman en cuenta a las madres solteras, padres solteros, personas adultas solteras, personas envejecientes, LGBT y pobres?

2)    ¿Hay un sobre énfasis en los roles de género basados en el ser-para-matrimonio-familismo?

3)    ¿Hay programas de educación sexual a todos los niveles de la congregación?

4)    ¿Se articula la sexualidad del varón con el poder?

5)    ¿Afloran las necesidades vitales y las contradicciones de las personas y los grupos? ¿Se les da cabida?

6)    ¿Se aceptan diferencias con respecto a los modelos del «deber-ser»?

7)    ¿Existen políticas, programas y entrenamientos relacionados a género en la congregación?

8)    ¿Se dimensionan los cuerpos de las mujeres como seductoras?

9)    ¿Se «cuida de que se manifieste» el «salvajismo sexual» de los varones?

10)  ¿Se enfatiza la «sumisión» de la mujer para con el varón? ¿Se les llama la atención a las mujeres por la forma como van vestidas a la iglesia?

11)  ¿Cómo están enfocadas las relaciones institucionales en la congregación, en lo «instituido» o en lo «instituyente»?

12)  ¿Son tomadas en cuenta las mujeres con aptitudes para el liderazgo?

13)  ¿Existe en la escuela dominical o en las clases de catecismo división de roles de género en adolescentes?

A modo de conclusión: propugnemos por iglesias sensibles al género

Es necesario que, desde las bases, en las iglesias y congregaciones que invisibilizan, violentan y discriminan a las mujeres, basadas en interpretaciones literalistas de los textos bíblicos, se subvierta el orden establecido, de manera que las mujeres tengan también los mismos derechos de aplicar sus aptitudes a la vida de iglesia, tanto en funciones directivas, como en aquellas de toma de decisiones y manejo de recursos.

Debe propugnarse por iglesias y congregaciones enfocadas en lo instituyente, que den cabida a los emergentes que se plantean, y que animen a que las dudas afloren y que las contradicciones al sistema establecido tengan su espacio de ser escuchadas y tomadas en cuenta, con un sistema organizacional abierto a todos los niveles.

Asimismo, dar lugar a expresiones diferentes a la familia nuclear heteronormativa, brindando completa acogida a personas LGBT. Es necesario separar lo externo de la corporeidad femenina, y que no se controle la vestimenta de las fieles que asisten a misa o al servicio. Además, establecer programas de educación sexual, género y corporeidad.

Muchos de los símbolos discursivos presentes en las congregaciones, están basados en una noción de autoridad jerárquica. Debe llevarse a las últimas consecuencias el concepto de comunidad de fe participativa, en donde cada quien sea escuchado o escuchada, y que tenga los mismos derechos que los demás, sin importar su estado civil, su condición conyugal, su grado académico o su orientación sexual. Debe eliminarse toda manipulación en los discursos, símbolos, imaginarios y modelos de liderazgo, rompiendo con las dicotomías altar/atrio, ancianos(as)/líderes y líderes/feligresía.

Lo lúdico debe volver al culto. Las misas o servicios han estado plagados por un culto a la autoridad, en donde se establece frontera con los cuerpos, donde el medio es el mensaje, y este viene sin esencia. Una liturgia participativa, en donde lo lúdico y lo corporal estén presentes, ayudará a que el espacio litúrgico sea uno de liberación. Las máscaras se caerán, los cuerpos se abrazarán, y entonces, solo entonces, podremos ver la cara de Dios: el rostro de una ser humana y un ser humano iguales y respetuosos de sí mismas.


Notas

[1] En este ensayo estamos considerando los términos iglesiacongregación y espacio eclesial como sinónimos, aunque por lo general el significado del tercero puede apartarse ligeramente de los otros dos, definiéndose con el mismo las micro estructuras que operan cobijadas por una iglesia o congregación, o también entendiéndose como una estructura de naturaleza y objetivos similares a los de aquellas, pero que no opera bajo ninguna supra estructura.

[2] Disla, Natanael. (2009). Pre-diagnóstico institucional con perspectiva de género en una iglesia bautista en Santo Domingo, República Dominicana. Santo Domingo. Inédito, mimeo, como trabajo final de la asignatura Género e Identidad, Instituto Superior de Estudios Bíblico-Teológicos.

[3] El diaconado se refiere a aquellas labores eclesiásticas de índole ministerial que fungen como asociadas al pastorado o sacerdocio.

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4 pensamientos en “Elementos de análisis a tomar en cuenta para un diagnóstico institucional con perspectiva de género en congregaciones e instituciones eclesiales

  1. Muy buena propuesta de consultoría organizacional sobre la cuestión de género al interior de las iglesias. Yo también he realizado algunas investigaciones en México sobre equidad de género en los contextos institucionales de las iglesias -presbiterianas- pero desde la perspectiva de los estudios de masculinidades. Debiera formarse una red latinoamericana de este tipo de investigadores a fin de afinar nuestros instrumentos, compartir experiencias no sólo de análisis, sino también de puesta en marcha de las consultorías o recomendaciones.

  2. …la palabra de Dios debe ser el fundamento de fe que rija nuestra vida. Derivado de ésto, creo –muy personal mente– que tanto el hombre como la mujer son igual mente valiosos a los ojos de Dios, sin embargo, han sido diseñados por Dios mismo, con funciones diferentes, para desempeñar y lograr propósitos diferentes que, –con todo– se complementan para lograr un mismo fin… el asunto es HACER EQUIPO y jugar en el puesto que, –por diseño– desempeñamos mejor…

  3. Bases biblicas hermanos no se les olvide, la Palabra de Dios no vilenta ni discrimina a la mujer, desde el principio puso a cada uno en el lugar adecuado, (ver Gen 1-3) solo como ejemlpo, ahi encontramos la funcion de los dos desde un principio. ¿Q ue dice Dios al respecto de tal propuesta o proyecto de hombres? ¿a que son fieles, o aquien creen? Gracias.

    • Si nos quedaramos con la idea de que ahi estan las “funciones” u “oficios”, entonces los hombres sólo nos dedicaríamos a labrar huertos y a nombrar animales. De ahí se podría concluir comisiones culturales, pero es extrapolar el texto. El relato habla de origenes, de la orden inicial, pero nunca ordena que se tenga que quedar siempre así.

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