Corporeidades: Tres pedazos | Jonathan Pimentel Chacón

Mi buen amigo Jonathan Pimentel Chacón ha accedido a la invitación que le extendiera para escribir unas breves palabras sobre el cuerpo y la carne desde un punto de vista dialógico/filosófico. Comparto con ustedes estas breves e intensas elucubraciones:

Por Jonathan Pimentel Chacón, autor invitado

En Uppsala, no hay muchos lugares abiertos después de las 7, no en invierno. Pero ella sabe de un lugar y ahí vamos. Vive aquí desde hace 20 años y, habla un español ajeno, pausado, triste. Probablemente el español es, quizá deba ser, una lengua triste. Acaba de regresar de Lund y ahí  ya empezó la primavera. Hablamos poco o nada, con mucho cuidado, sin descuidos. Como hablan las personas que se quieren, insinúan el futuro con silencio. “Piensa bien lo que quieres, arrepiéntete ya, todos se han arrepentido, olvidado o muerto. Tú y ellos, especialmente tú, no tienes ninguna responsabilidad con todo esto. Ninguna responsabilidad es posible ante esto. Toda respuesta produce asco; o crees que puedes responder, que eres capaz de sentarte aquí y decirme que ahora, precisamente ahora, es posible terminar con la repugnancia que me produce estar bien. Es mejor que te retractes, que no pidas lo que no es posible tener”.

“El ano tenía incrustados pedazos de vidrio rojizo y las nalgas estaban cortadas y sangraban. Había cumplido veintidós años tres semanas antes. Colocaron dos prensas de acero en los pezones y con cada descarga la piel de los senos se tornaba azul oscuro. Descubrieron la profundidad de la vágina, la sutileza de su forma y lo entreverado de sus contornos. Desgarraron las paredes internas con un artefacto que llamaban “Cielo” y que, cubierto de su sangre y una mezcla viscosa de fluidos, introdujeron posteriormente en su boca… Géricault supo ver que nada muere, mucho menos el cuerpo. ¿Por qué mierda no muere el cuerpo?…. Que crees de este verso de M. Lewis: Si te gusta pensar en mí,  cuando estás a punto de dormir, imagina una sombra delgada que susurra  you can’t lose what you never had…Dibujé algo en mi brazo, creo que sos vos y me duele tanto que cuando lleguen, nuevamente, te podrán borrar. Sacarte de mí. Todo eso me suena artificial; quiero decirte algo tan distinto pero no puedo. ”

“Las uñas son tan flexibles, tan cotidianas, tan insignificantes; hasta que comenzás a sentir que se desprenden de tu carne. Entonces sentís que las uñas no son ese pálido trozo de “algo” que parece romper la uniformidad de la piel. Las uñas sos vos misma. Sí, vos misma saliendo de tu propia carne. Al final sacaron todas las uñas y, en la carne viva, rociaban líquidos que, al contacto con la carne, aún podían producir dolor. Y es que una se imagina que la vulnerabilidad tiene un límite, un umbral que no es posible sobrepasar. Una zona que ninguna crueldad puede tocar, pero no es así, no, no existe ese límite. Desde luego que querés que exista ese límite, deseas alcanzarlo, mirar con indiferencia a los verdugos y, acaso, ofrecerles una sonrisa benevolente pero no podés…. Hay dos hombres, o quizá son tres, en Tulp que nos miran creo que con severidad, advirtiéndonos que el horror no es un sueño. Quieren decir: es sólo un cadáver, pero es asombroso que no sea lejano, ni frío. No deberían estar ahí, lo aterrador es que su mirada de asombro y cierta vergüenza es aún ingenua. He tenido a todos los Tulp escupiendo mi sangre y nadie ha retirado su mirada. ”

“El olor de los orines en el cabello es insoportable. Querés arrancártelo pero te intimida tocar la inmundicia. Sentís enteramente el sonido de tu cuerpo, ves el color de tu sombra y, sobretodo, estás consciente de tus orificios. No te das cuenta de tu sonoridad hasta que precisás de un abismal silencio. Somos musicales, cada una de nosotras. Música, sí. Llegás a odiar la música, los tonos altos de tus manos mientras limpias – sin querer- tus ojos que han llenado de mierda. Mové tus dedos, escuchás el ritmo? Está ahí, siempre. No sigue ninguna estructura o tendencia, está vivo y sus inclinaciones es madness. El rostro y el lenguaje son secundarios, así lo sentí desde el principio. Sos tu carne, enteramente, tu carne. Hablé hacia adentro y escuche mi voz…y no me gustaba. Creo que da Cortona captó un aspecto,  creo que fundamental, pero ahora tengo que decirlo: la seducción de la carne abierta. Les gustaba, los excitaba la carne abierta, podrida, insoportable. Abrían y abrían querían llegar hasta un fondo que jamás pensé que existía. Pero, tiene que existir porque nunca dejaron de buscarlo.”

Dejó un sobre encima de la mesa y al costado, con letra diminuta, estaba escrita una advertencia: “No leas esto. Al menos no lo intentés. De alguna forma ya todo te ha alcanzado”. En un pequeño parque en Lund, años después, me decidí a abrir el sobre, el viento de marzo se llevó los cientos de pedazos de papel viejo hacia el lago. Me convencí que así lo había planeado. Incluso llegué a creer que los tres papelitos que permanecieron en el sobre aún te pertenecen. Por eso, Soledad, te los envío nuevamente. Aunque ya te han alcanzado.

Jonathan Pimentel Chacón es costarricense, teólogo bautista, con una maestría en teología por la Universidad Bíblica Latinoamericana, de Costa Rica. Actualmente cursa su Ph.D. en la Escuela de Teología Luterana, de Chicago. Sus áreas de investigación son teología sistemática y las teorías de la religión.

Un pensamiento en “Corporeidades: Tres pedazos | Jonathan Pimentel Chacón

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s