Lucha campal entre potestades y principados en los cielos presbiterianos de México

Mujeres líderes presbiterianas mexicanas protestan en silencio en el Concilio| José Israel Fernández Medrano

Porque no estamos luchando contra enemigos de carne y hueso, sino contra las potencias invisibles que dominan en este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales del mal habitantes de un mundo supraterreno.

Efesios 6,12 (BTI)

Vía Facebook se acaba de informar lo siguiente:

TERMINÓ el Concilio. Acuerdos finales: 1) No se acepta la Ordenación de la Mujer. 2) El acuerdo entra en vigencia de forma inmediata, debiendo los presbiterios que ordenaron “diaconisas”, “ancianas” y “pastoras”, desconozcan tal ordenación y se adecuen al acuerdo.

Desde ayer está reunida en Asamblea la Iglesia Nacional Presbiteriana de México en un Concilio Teológico sobre la Ordenación de la Mujer, en Xonacatlán. Tal parece que la posición mayoritaria es en contra de la ordenación. Los presbiterios del Estado de México y Juan Calvino son los que parece que llevan la voz cantante a favor de la ordenación.

En este caso, el patriarcado kyriarcal y androcéntrico es esa potencia invisible que domina los cielos presbiterianos mexicanos.

Reacciones diversas se han hecho sentir en diversos medios, entre los que se encuentran Lupa Protestante, que ha publicado artículos a favor de la ordenación por Amparo Lerín Cruz (Presbiterio de la Ciudad de México), Emmanuel Flores-Rojas (Presbiterio del Estado de México), Leopoldo Cervantes-Ortiz (Presbiterio Berea) y Alberto Arenas Mondragón. Varias mujeres asistentes al Concilio han publicado una «Carta abierta de las hijas de Zelofehad a la Asamblea General».

En estos difíciles momentos, la biblia sirve de afirmación y consuelo. De nuevo, el relato de Números 27,1-11 sirve de ánimo a aquellas mujeres presbiterianas mexicanas a quienes se les ha prohibido la ordenación. En noviembre pasado Lupa Protestante publicó un sermón narrativo que escribí y presenté sobre el pasaje en cuestión.

¡Que las voces de las mujeres y varones aliados sean escuchadas, y que podamos decir «dondequiera que se proclame la Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho, en memoria de ella» (Marcos 14,9)!

11 pensamientos en “Lucha campal entre potestades y principados en los cielos presbiterianos de México

  1. Es una gran tristeza que la mayoria de los hermanos que a favor de la ordenación opinaron en la pagina de facebook así como los que hicieron el favor de informar haciendo publico los sucesos, pasaron por alto que el acuerdo en contra no es de cierto modo una “imposición de los cuerpos de gobierno” y mucho menos un “desconocimiento de los derechos” que el mundo sin Cristo hoy reclama. Como mujeres a favor de la ordenación habemos quienes simplemente no la creemos necesaria, en especial para los fines que algunos plantean. Tenemos la libertad para prepararnos y predicar, enseñar, participar en nuestras iglesias, aun de externar algunas iniciativas que, en una buena relación con nuestros pastores y hermanos varones, son posibles de realizar. Amados hermanos que fuera del pais Mexicano radican, no se dejen llevar por una sola versión ni por el sentimentalismo que, en estos momentos, es comprensible qu está invadiendo a muchos que deseaban lo opuesto a los acuerdos tomados. Si el acuerdo hubiera sido “si a la ordenación” ahi si con toda seguridad estaríamos hablando de una imposición, pues la ordenación entre las mujeres en realidad es una aspiración de pocas en relación al resto de las hermanas misioneras y predicadoras. Como mujer y miembro de la INPM a favor de los acuerdos tomados, lo unico que lamento hasta este momento es el no esclarecimiento y la regularización en el área laboral de mis hermanas que piensan dedicar y han dedicado su vida en servicio a la iglesia, dejando así en entre dicho que para tener acceso a prestaciones como servicio medico y viviendo, nuestras hermanas tengan que “ganarse” cierto titulo o estatus. En la INPM las mujeres que nos sentimos honradas de ser la ayuda perfecta para el varón como la biblia y el evangelio lo establecen somos más. Dios les bendiga y agradezco sus oraciones, apoyo y respeto por uno grupo y por el otro.

    • Me remito al primer párrafo de Usted: ¿O sea que la cosa no tenía que hacerse pública? ¿Las iglesias no son entidades públicas, lo que hacen debe permanecer en secreto a resguardo de la crítica o la opinión externa? ¿No es un desconocimiento de los derechos de las mujeres? Ah, pero las que los reclaman son parte de un “mundo sin Cristo”… Nooo, pos qué a gusto, machetazo a caballo de espadas.

  2. No hay peor traidor a su clase que el pobre que tiene el opresor internalizado. En la carta anterior, de Thelma Patricia de la Cruz, tnemos un buen ejemplo de una mujer con el machismo internalizado, que termina siendo funcional al patriarcado y traicionando a sus hermanas de género. UNA VERGÜENZA!!!

  3. Apreciada Cristina, las mujeres que tienen el “machismo internalizado” como mencionas, creo que mas bien son las que aspiran a como de lugar a lograr sus ideales sin importarles lo que esto implica (egoismo, sadismo, que entres otras cosas caracterizan el corazón de machos y feministas). ¿Querían dialogo? ¿Por que no “dialogaron” estas hermanas primeramente con el resto de sus congeneres? ¿Por qué le dejaron la tarea a sus “hombres”? ¿no es eso también un tipo de “traición a sus hermanas de género”? El tema ciertamente se trabajó a fondo pero solamente en algunos lugares de la INPM y no en la mayoria (que al final es lo que contaba, según se dijo). Yo me opongo al machismo y que triste que no hayas tomado en cuenta lo que menciono al final de mi comentario. La lucha por supuesto que seguirá en favor de las mujeres que sufren maltratos desde el hogar, de las mujeres que sirviendo de tiempo completo en sus iglesias no con un “salario digno”, delas que pasan humillaciones de cualquier indole, porque dejame mencionarte querida Cristina, que algunos de los “varones” que apoyan la ordenación, solamente ofrecen respeto y solidaridad a “sus mujeres” y no al resto, entonces ¿Estos no son machistas también?… PAra mi y otras mujeres, lo que si es una vergüenza es que sin duda, algunas de nuestras amadas hermanas, pudiendo ver que el problema es más profundo y agudo de lo que parece, no aconsejaron bien a sus “hombres” (pues se dice que niegan que ellas sean las que son incitadas por ellos) permitiendo así cmo saldo final el descrédito no de la R.A.G de la Iglesia Presbiteriana de México sino de la gran mayoria de los herman@s que pertenecemos a ella, esi si es vergonzoso y en cierto punto indignante ¿Eso es visión pastoral? ¿Consideraron a los débiles en la fe independientemente de la posición que estos tomaran?. De mi comentario, respeto tu reacción y respuesta, pero en el amor del Señor te invito a que no juzgues a la ligera, porque como señalé esto que escribo no es solo mi sentir sino el de muchas otras mujeres que como tu y yo no tienen acceso a estos medios además de que prefieren callar porque al al final, como en su mayoria coninciden “esto es cosa de hombres”, digan lo que digan. Las hermanas que anhelan la ordenacion por lo visto solo se concentraron en ellas y su entorno. Aprecio la dedicación que nuestras hermanas, al igual que las que no aspiran a la ordenación de ningun tipo, poseen y aún más el ejemplo de algunas pocas que están dispuestas a seguir SIRVIENDO A CRISTO y no A PELEAR POR LA CAUSA como otras señalan.¡Esto es fe! y ante esta, la fe de las que no aspiramos a la ordenación no es de segunda, ni la una ni la otra somos más ni menos. Entonces solo queda respetarnos y respetar las formas de la iglesia en la que participamos. Anhelamos, las mujeres, que este asunto se pueda platicar como las hermanas sabemos hacerlo. Claro que pueden ser ordenadas, aplaudo que busquen otras opciones al darse cuenta que para bien o mal en la INPM, como en cualquier otra denominacion evangelica, hay situaciones que simplemente no podemos aceptar, hombres y mujeres. EStoy a tus ordenes si te interesa “dialogar” a fondo sobre el sentir y laforma de pensar de las demás mujeres que, por pensar diferente no tenemos que ser calificadas como “machistas”. Que el Señor te bendiga querida Cristina.

    • No soy Presbiteriana, soy una Pastora recientemente jubilada de la Iglesia Metodista de México, independientemente de mi denominación, soy una mujer redimida por un Salvador: Jesucristo, para quién valgo tanto como un varón, y que encomendó tanto a hombres y mujeres la hermosa labor de servir en su Reino. Tristemente, y por los comentarios que leo aquí, sigo viendo que existe el “sexismo” en otras denominaciones protestantes, o evangélicas.
      Ruego a Dios porque pronto puedan las mujeres en su Iglesia tener el derecho y privilegio que Dios, Jesucristo, y los Apóstoles reconocieron en las mujeres. Si no lo ven así, consulten las Cartas de Pablo y vean en cuan alta estima tuvo a muchas colaboradoras, a quienes llamo “apostolos”, tal como se llamaba él mismo. Ej. Priscila, Febe, etc.
      Pongo a sus órdenes un ensayo de mi autoría titulado “Las mujeres en la cartas de Pablo”. Si lo quieren estudiar o analizar con gusto se los envío por e.mail.
      Dios les bendiga.

      • Hna. le saludo en nombre de Nuestro Salvador Jesus. asimismo le solicito por favor enviarme su ensayo “Las mujeres en las cartas de Pablo”, ya que estoy haciendo unos estudios al respecto, le agradeceria bastante, gracias que Dios lo bendiga grandemente.

  4. CONTRA LA ORDENACIÓN DE LAS MUJERES
    Una perspectiva filosófico-teológica

    La postura a favor de la ordenación de la mujer se ha desarrollado sobre la base de los presupuestos de la filosofía de la Ilustración, misma que se desarrolló sobre los criterios de la Edad Moderna, siendo desarrollada y sistematizada en completo alejamiento de Dios y su ley, manifestándose en uno de los acontecimientos más representativos en la historia: La Revolución Francesa. Todo lo que se cree y se afirma siempre tiene un fundamento. Pronunciarse a favor o en contra de la ordenación de la mujer al ministerio ordenado no tiene que ver solamente con una afirmación teológica o académica. Estar a favor del ministerio femenino no es solo el resultado de una muestra de solidaridad con la mujer. Quienes están de acuerdo con que una mujer tome la responsabilidad pastoral de la iglesia se fundamentan en una re-lectura de textos bíblicos, aduciendo estar en línea con el espíritu emancipador de los tiempos modernos, mismo que busca la igualdad de hombre y mujer. No obstante, pensar que son estas las motivaciones fundamentales que dan base a la ordenación de las mujeres al ministerio, es, definitivamente, pensar de manera ingenua. Entre quienes defienden la ordenación de la mujer no hemos escuchado, hasta el día de hoy, una defensa sobre las bases fundamentales en las cuales descansan. Ciertamente escuchamos de re-lectura, emancipación, liberación, toma de conciencia, igualdad de oficios, el trato de algunos datos históricos, etc., pero parece ser que se ha olvidado tratar con la debida profundidad el aspecto histórico, el cual nos revela la cuna del movimiento liberador femenino: La Revolución Francesa. Esto nos da oportunidad, de hacer una crítica profunda acerca de los presupuestos sobre los cuales descansa el postulado de la ordenación femenina. Estar a favor o en contra de la ordenación de la mujer al ministerio es resultado de la visión que una persona tiene acerca de las cosas, lo que técnicamente se conoce como cosmovisión. Una cosmovisión es una serie de creencias acerca de las cosas. La cosmovisión es algo que todas las personas tienen. Todos creemos algo con respecto a la realidad. Claro está que la cosmovisión de alguien puede estar dirigida por la verdad de las Escrituras o por las tinieblas Es aquí donde precisamente los orígenes de la igualdad entre hombre y mujer tienen su lugar. Ciertamente según las Escrituras varón y hembra son iguales, pero claro está, en el contexto de la justificación, según es el tenor de la Carta a los Gálatas. Varón y mujer desde el principio llevaron la ordenanza de vivir en la voluntad divina, reconociéndose el primero como cabeza, y la segunda como ayuda idónea. Sin embargo, el movimiento revolucionario francés allanó el camino para la llegada de la igualdad de oficios entre hombre y mujer. La Revolución Francesa no tiene sus raíces en los postulados de la reforma protestante, sino en el humanismo que desechó a Dios de su visión de las cosas. La Biblia en la tradición del Antiguo Testamento da muestra de un proceso de desarrollo o de apertura, en el cual el Señor concedió a Israel mirarse como una nación entre las naciones, permitiendo que en su interior se desarrollaran las tres instituciones establecidas por Dios para el avance de Israel como nación. Según el Dr. Gordon Spykman, las tres instituciones de Israel se caracterizaron cada una por un oficio particular. Se puede observar en todo el Antiguo Testamento un proceso ordenado de desarrollo. En el inicio el varón ostenta toda función: padre, profeta, sacerdote, rey, etc. Los casos desde Adán hasta Moisés pueden verse con tal óptica. Sin embargo, en un tiempo específico en la vida de Moisés, en la entrega de la ley al pueblo, el Señor aclara a Moisés que el sacerdocio quedará a cargo de Aarón su hermano. A partir de ahí uno puede ver un proceso de desarrollo ordenado y normado por Dios, en el cual podemos ver llamadas de atención del Creador cuando la norma de tal proceso es violentada. Los casos de Uza, al ser muerto por Dios debido a su intento de estirar su mano para ayudar al arca, como el de Saúl por adelantarse de manera desobediente a Samuel para ofrecer sacrificio, dan muestra del desarrollo que celosamente el Señor guarda en su pueblo. Así, el Señor estableció para la labor profética una escuela donde los hombres se prepararan para hacer fresca en cada instante la Palabra de Dios para Israel: la Escuela de Profetas. De la misma manera, estableció una institución que se encargara de mediar entre Dios y el pueblo a través del ejercicio de los sacrificios: el sacerdocio. Finalmente, en orden de aparición, el Señor establece la identidad territorial y jurídica a su pueblo a través de la institución que puso a cargo de la impartición de justica: el reino. Cada una de estas instituciones es distinta de las restantes, de manera que la labor de la escuela de profetas, siendo de naturaleza académica, se distingue de la sacerdotal, la cual tuvo a su cargo el ejercicio de la mediación a través de la labor sacrificial. Por su parte, el reino es la institución encargada específicamente de administrar la justicia, misma labor que le sigue encomendada por Dios, mención que hace Pablo en el capítulo 13 de la carta a los hermanos de Roma: el Estado es la institución establecida por Dios, la cual ha sido facultada divinamente con el poder de la espada. Una vez venido Cristo, vemos que los hermanos, si bien se siguieron reuniendo en el templo judío y en las sinagogas, no obstante, con el tiempo tuvieron que separarse del judaísmo debido a su propia naturaleza religiosa. Vemos en las Escrituras cómo es que en las iglesias los cultos se llevaban a cabo en lugares distintos del templo judío. Con ello vemos que la labor cúltica siguió, aunque sin la composición litúrgica practicada por el sacerdocio institucional. Vemos así claramente que la iglesia institucional es la continuación de la labor del templo del marco judío. Ahora, es debido decir que la Escuela de Profetas, al actualizar la Ley de Dios constantemente para dar dirección al pueblo, se cumple en la labor académica que debe continuar en la historia como un llamado de Dios a cumplir con la tarea del mandato cultural en el cultivo del conocimiento. Sobre ello hay que señalar que los casos de Débora y Hulda no pueden aducirse como pruebas para la justificación del ministerio pastoral de la mujer, pues Débora estuvo a cargo de la impartición de justicia, mientras que Hulda en la labor profética, ambas labores distintas a la sacerdotal. En todo el Antiguo Testamento, para el ejercicio de la labor sacerdotal el Señor llamó solamente varones. Nunca encontramos una mujer en tal actividad. Aducir los casos de Débora y Hulda como justificaciones de la participación de la mujer en el actual ministerio ordenado, es muestra de un gran desconocimiento de la esencia y desarrollo de las instituciones en el seno de Israel. Hacia el Nuevo Testamento encontramos la misma línea directriz. Los pasajes de 1ª Corintios 11:2-16 y 1ª Timoteo 2:11-15, por ejemplo, constituyen una clara delimitación normativa de los papeles del hombre y la mujer. La expresión “cabeza”, usada por el apóstol san Pablo solo puede ser entendida en función de la unidad del mensaje entre ambos testamentos. Tanto en el Antiguo Testamento, como en el Nuevo, Dios dio al varón la tarea de gobernar y dirigir las estructuras del hogar y la iglesia, así como a la mujer la colocó como la ayuda idónea del hombre. Lamentablemente la iglesia de Roma desvirtuó, con el escolasticismo, la ordenación ministerial, relegándola al campo de lo sagrado y reduciéndola a una dignidad considerada superior por sobre cualquier oficio en la vida. Desligó la aspiración a la ordenación ministerial de la estructura familiar, la institución básica en la creación, no importando que el sacerdote no representara una familia, condición que fue vital en la iglesia primitiva (1ª Timoteo 3), en la cual los ministros llegaban a serlo sobre la base de su buena representación como depositarios del pacto al frente del gobierno cristiano de su casa. Ahora, si es clara la distinción en los oficios de hombre y mujer en el contexto bíblico, entonces, ¿dónde encontramos la igualdad de oficios en ambos proclamada por quienes están a favor de la ordenación de la mujer? En los postulados apóstatas de la filosofía humanista, la cual está enraizada en una negación sistemática de la verdad de Dios expresada en su Palabra. Quienes están de acuerdo con el presbiteriado femenil no pueden negar, después de esta demostración, que sus fundamentos descansan en las presuposiciones de la filosofía humanista, en la cual no habla sino el espíritu del anticristo, pues no hay dos caminos sino uno solo, ya que quien no recoge con el Señor, desparrama. El cometido de los reformadores fue hacer frente a los postulados filosóficos de sus días, de manera que la Palabra del Señor no resultara negociada. En nuestros días, ante el hecho de que la voz del mundo quiere imponerse sobre los hijos de Dios, ¿qué necesitamos? Como en los días de la reforma, hombres que estén dispuestos a hacer frente a los pensamientos apóstatas de nuestra cultura. Pablo instruyó a los corintios acerca de derribar todo argumento que se levanta contra el conocimiento de Dios para llevarlo cautivo a Jesucristo (2ª Corintios 10:5). El humanismo no fue la voz de los reformadores, pero sí ha sido la voz de la cultura de nuestros días. Es el mundo el que está invitando a las mujeres a la emancipación, pero ¿de qué? Aunque parezca increíble, a la emancipación del papel que Dios le dio desde el inicio. Esto, naturalmente, no pertenece a la tradición cristiana, sino a la tradición de pensamiento en apostasía, alejado de Dios y su ley. No encontramos nuestra norma de desarrollo en la Ilustración o en los principios de la Revolución Francesa sino en la Reforma, movimiento que no consintió síntesis alguna entre la verdad cristiana y la mentira del pensamiento racionalista. La idea de igualdad de oficios en hombre y mujer, solamente puede proceder de un corazón que sustenta una visión errada, el cual se alimenta en la comunidad de quienes están asociados a la motivación religiosa apóstata del humanismo moderno con su irresoluble dialéctica. En este contexto la aceptación de la ordenación de la mujer tiene su compromiso no con la verdad poderosa de la Palabra divina sino con la voz de las tinieblas, pues no es una cuestión de amor o de respecto por la mujer, sino de obediencia a la norma del Creador para la estructura familiar, en la cual ordenó que el varón dignamente se encargue de la dirección de los que Idos puso bajo su autoridad. Los varones no dejamos de amar a nuestra esposa por establecer que el ministerio presbiterial el Señor lo encargó solamente a varones, pues el mismo apóstol santamente ordena a los esposos de Éfeso amar a sus esposas, misma iglesia en la cual se enseñó (1ª Carta a Timoteo 2) que la mujer debe estar bajo la autoridad de su esposo en la estructura cultica. Pero como dijo el Dr. Abraham Kuyper, primer ministro de Holanda hace más de cien años, en sus Conferencias Sobre el Calvinismo, impartidas en 1898 en la Universidad de Princeton, al señalar que: “Finalmente el modernismo, que niega y aniquila cada diferencia, no puede descansar hasta que haya convertido a la mujer en hombre y al hombre en mujer…”. Profecía kuyperiana que se ha cumplido en la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCUSA).

  5. Curiosamente, en varios de los Apócrifos y en la Cabaláh hispano-hebrea , de eso se trata, de convertir “al hombre en mujer y a la mujer en hombre”, pero –como diría Baltasar Gracián: “sea uno mixto de paloma y serpiente, (mas) no monstruo, sino prodigio”. Ya sé que a muchísimos evangélicos no les importan las semillas de verdad que el Lógos pueda haber dejado en otras tradiciones que no sean bíblicas (y ¡SIN! deuterocanónicos), pero qué le vamos a hacer…
    ———Yo creo que de lo que se trata es de que las diferencias sexuales sean un enriquecimiento y no un empobrecimiento que exilie y crucifique a la gente por su sexo (o su condición sexual).
    ———-Se trata de que –en el fondo–, en términos del Reino de Dios, todos valgamos como compañeros de igual dignidad y lo que importe sea la PERSONA HUMANA. ¿Cuál –si no– es el sentido de Gál. 3: 27-28? Aunque yo creo que a quienes han vencido en este concilio, les viene muy bien el capítulo entero, muy desde el principio.
    ———-Amén de vuestras ( amables ) respuestas, con mucho gusto estoy a las órdenes en rosaefilius@gmail.com, y en FaceBook: soy sacerdote anglicano.

  6. Miguel Zavala tu comentario refleja tu corazón escolástico, sintético, racionalista, humanista y dualista:”desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada…”. 1 Pedro 2:2.

    • Epítetos que me halagan y agradezco cumplidamente; qué honor tener la fina opinión de quien “escruta corazones”, y me “conoce como soy conocido”. Mas no hay humanista mayor ni más excelso que Aquél que por nosotros “se anonadó a sí mismo”, asumiendo –en todo– la humana condición. U.I.O.G.D.

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