Una experiencia espiritual fresca y fascinante

El sábado pasado perdí un papel escrito con información importante en una solitaria calle aledaña a casa. Cuando llegué a mi destino, a cuatro kilómetros de distancia y una hora de allí, me di cuenta que lo había perdido. Me puse a pensar que quizás lo perdí al salirse de mi bolsillo al tomar una llamada en el celular. Recordé el lugar preciso donde tomé la llamada y, de regreso, tomé la ruta para llegar al susodicho lugar. Para sorpresa mía, allí estaba el papel intacto.

Esa fue una experiencia espiritual fresca y fascinante.

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