Despertar del sueño de la inconciencia y vivir en estado de alerta

Reflexión bíblica para los textos del domingo | Red Ecuménica Bíblica Dominicana

7 de agosto de 2011 | 19° domingo de tiempo ordinario

Introducción: Formamos parte de una comunidad de fe fundamentada en el Proyecto de Vida Digna anunciado y vivido por Jesús y las primeras comunidades jesuánicas. Esa fe nos exige el compromiso de estar siempre dispuestos y dispuestas para la misión, en actitud de vigilancia, realizando el trabajo que se nos ha encomendado.

Que esta reflexión y nuestra celebración fraterna fortalezcan nuestra comunión y nuestra capacidad de servicio y solidaridad con los hermanos y hermanas tal como lo hizo Jesús, el hermano comprometido.

Lect. Primer Testamento: Sabiduría 18,6-9. El compromiso de solidaridad en cada momento

Introducción L.P.T:  La lectura del libro de la Sabiduría que escuchamos hoy hace referencia a la noche de la pascua liberadora cuando Israel salió de la esclavitud de Egipto. La salvación del pueblo de Dios significó la muerte para los primogénitos de Egipto y para los soldados que persiguieron al pueblo de Dios. El pueblo, por su parte, asumía el compromiso de vivir la solidaridad fraterna en los momentos buenos y en los difíciles.

Texto:  Esa noche había sido anunciada a nuestros padres, para que supieran después valorar tus promesas y depositaran en ellas su confianza. Tu pueblo, pues, aguardaba el momento en que los justos serían salvados y sus enemigos, arruinados; al castigar a nuestros adversarios cubriste de gloria a tus elegidos, es decir, a nosotros mismos.

Tus santos hijos, la raza de los buenos, ofrecieron pues en secreto el sacrificio y se comprometieron a observar esa ley divina: el pueblo seguiría siendo solidario tanto en los éxitos como en los peligros; después de lo cual entonaron los cantos de sus padres.

            Salmo de hoy: Dichoso el pueblo que se mantiene en estado de alerta

*  Personas luchadoras, manténgase en estado de alerta. No pierdan la fe ni la esperanza a pesar de las dificultades del camino.

* Los ojos de las personas de la comunidad nos miran y nos dan seguimiento. Ojalá sepamos ser testigas y testigos confiables, portadoras y portadores de esperanza y de lucha constante.

* En la fuerza de nuestra organización confiamos, acogiendo siempre la compañía del Espíritu de Jesús.

 Lect. Evangélica: Lucas 12,32-48. Tengan puesta la ropa de trabajo y las lámparas encendidas

Introducción L. Ev.: Le lectura evangélica nos presenta a Jesús dando ánimo al pequeño grupo de discípulos y discípulas que lo seguía. A ellas y a ellos y a todas las personas que acepten la propuesta de Vida Digna ha querido el Padre hacerlos/as merecedores/as de colaborar con su Proyecto. Sin embargo el don de la fe exige también el compromiso de vivir despiertos/as, en actitud de alerta y dispuestos/as al servicio fraterno en cada momento.

Texto: En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos y discípulas: No temas, pequeño rebaño, porque al Padre de ustedes le agradó darles el Reino. Vendan lo que tienen y repártanlo en limosnas. Háganse junto a Dios bolsillos que no se rompen de viejos y reservas que no se acaban; allí no llega el ladrón, y no hay polilla que destroce. Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Tengan puesta la ropa de trabajo y sus lámparas encendidas. Sean como personas que esperan que su patrón regrese de la boda para abrirle apenas llegue y golpee a la puerta. Felices los sirvientes a los que el patrón encuentre velando a su llegada. Yo les aseguro que él mismo se pondrá el delantal, los hará sentar a la mesa y los servirá uno por uno. Y si es la medianoche, o la madrugada cuando llega y los encuentra así, ¡felices esos sirvientes!

Si el dueño de casa supiera a qué hora vendrá el ladrón, ustedes entienden que se mantendría despierto y no le dejaría romper el muro. Estén también ustedes preparados, porque el Hijo del Hombre llegará a la hora que menos esperan.»

Pedro preguntó: «Señor, esta parábola que has contado, ¿es sólo para nosotros o es para todos?».  El Señor contestó: «Imagínense a un administrador digno de confianza y capaz. Su señor lo ha puesto al frente de sus sirvientes y es él quien les repartirá a su debido tiempo la ración de trigo. Afortunado ese servidor si al llegar su señor lo encuentra cumpliendo su deber. En verdad les digo que le encomendará el cuidado de todo lo que tiene.

Pero puede ser que el administrador piense: «Mi patrón llegará tarde». Si entonces empieza a maltratar a los sirvientes y sirvientas, a comer, a beber y a emborracharse, llegará su patrón el día en que menos lo espera y a la hora menos pensada, le quitará su cargo y lo mandará donde aquellos de los que no se puede fiar.

Este servidor conocía la voluntad de su patrón; si no ha cumplido las órdenes de su patrón y no ha preparado nada, recibirá un severo castigo. En cambio, si es otro que hizo sin saber algo que merece azotes, recibirá menos golpes. Al que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y cuanto más se le haya confiado, tanto más se le pedirá cuentas.

                        DIÁLOGO COMUNITARIO, GRUPAL O FAMILIAR

 1. ¿Por qué la fe está fundamentada en la experiencia de construcción de una vida digna, que ha roto las cadenas de la opresión?

2. ¿Por qué no debe temer el rebaño de Jesús y estar en alerta?

1. Fe fundamentada en la experiencia de la liberación y en el testimonio de las y los testigos de la fe        

El texto del libro de la sabiduría que hemos leído hoy nos dice, refiriéndose a la noche de la liberación en la que los judíos salieron de Egipto, el país de la esclavitud: “Esa noche había sido anunciada a nuestros padres; por eso, sabiendo en qué palabra habían creído, se sintieron seguros en su alegría” (Sab 18,6).

El libro de la sabiduría hace referencia no sólo a la celebración de la pascua, sino al compromiso de solidaridad asumido por el  pueblo, por el que “todos participarían igualmente de los bienes y de los peligros”(Sab 18,9).

También nuestra fe está fundamentada en el proyecto de vida digna anunciado por Jesús, en su vida, en su muerte a manos de los poderosos y en su resurrección. De hecho toda la vida cristiana es un camino de participación en el Proyecto de vida digna (Jesús lo llamaba “Reino de Dios”, que exige el compromiso de asumir la cruz de cada día, al mismo tiempo que participamos de la alegría de sentirnos humildes colaboradores y colaboradoras de su Proyecto transformador.

En el camino de fe fundamentado en el estilo de vida propuesto por Jesús nos anima el ejemplo de los testigos de la fe que a lo largo de la historia han sido fieles al Proyecto de Dios.  Su ejemplo nos entusiasma y nos dice que sí  es posible vivir la fe de forma comprometida. El texto de la carta a los Hebreos que hemos leído en la segunda lectura nos dice que por su fe son recordados los antiguos hombres y mujeres: Abraham, Sara, Isaac, Jacob, Moisés… De ellos y ellas se nos dice que “la muerte los encontró a todos firmes en la fe” (Heb 11,13). Y en el Nuevo Testamento tenemos a Jesús, a Pedro, a Pablo, a Santiago… Y en nuestras comunidades tenemos también personas que han sido modelos de fe y que con su ejemplo nos estimulan a seguir adelante.

 2.      Vencer el miedo y estar en estado de alerta

Jesús llamó a muchas personas para colaborar en su Proyecto, pero parecía tener la conciencia de que serían pocas personas las que estarían dispuestas a asumir el camino comprometido de la fe. En una ocasión dijo a sus discípulos y discípulas, que muchas serían las personas llamadas, pero pocos y pocas las y los escogidos (Mt 22,14) y menos las y los decididos a asumir la responsabilidad que supone el compromiso de la fe.  Por eso también les dijo que la cosecha del Proyecto era mucha, pero pocos y pocas las y los obreros (Mt 9,37). E invitó a sus seguidores y seguidoras a formar parte del pequeño grupo que está dispuesto a entrar por la puerta estrecha (Lc 13,24) que está en el camino que conduce a la Casa del Padre, y a evitar caminar por aquel que conduce a  la puerta ancha que lleva a la perdición,

Está claro que Jesús pensó en sus seguidores y seguidoras, como en un “pequeño rebaño”. Pero a esos y esas les da fuerzas y les invita a no tener miedo. Y aunque son enviados y enviadas como ovejas en medio de lobos (Lc 10,3), no deben tener miedo porque cuentan con la compañía y la solidaridad de aquel que manifiesta su fortaleza en la debilidad de mujeres y hombres sencillos, pero decididos y decididas a vivir una vida guiada por el mandamiento solidario de Dios.

El pequeño rebaño no debe temer porque ha merecido que el Padre les haya dado el Reino. El Reino, el Proyecto de Vida Digna, es, en primer lugar un don para las y los pequeños, para débiles y empobrecidos (Lc 6,20). Sin embargo ese don exige también una respuesta comprometida. Se trata de poner a disposición toda la persona, lo mucho o lo poco que se tiene, con la convicción de que la verdadera riqueza consiste en sentirse colaboradora o en colaborador comprometido con la realización del Proyecto de Dios. Por eso se invita a poner  ese Proyecto en el centro de las preocupaciones, a buscarlo por encima de todo, a ponerlo en el interior de cada persona, “porque, donde está tu tesoro, ahí está tu corazón”. (Lc 12,34).

La fe en las propuestas hechas por Jesús, en su Proyecto, nos compromete a asumir nuestro trabajo con responsabilidad para que la Palabra de Dios se vaya encarnando en nuestros ambientes y vaya transformando nuestras vidas, nuestras familias, así como nuestras comunidades. La fe no da a las personas creyentes claves para vivir más tranquila y cómodamente. El haber conocido la voluntad del Maestro nos exige una mayor responsabilidad ante Él, pues El mismo nos dice: “Al que se le ha confiado mucho se le pedirán más aún” (Lc 12,48).

A la comunidad se le pide tener siempre puesta la ropa del trabajo.  Esto significa que el esfuerzo que prepara la venida de Dios en medio de su pueblo tiene que ser permanente. Cada discípulo o discípula no se puede dormir cuando ha obtenido algunos logros: tiene que estar velando y trabajando continuamente para que se vaya haciendo realidad el Proyecto de Dios. Las lámparas encendidas hacen referencia a la llegada inesperada del Señor en su comunidad. Y la mayor desgracia sería encontrar dormidos y dormidas a quienes se les encomendó un trabajo que exige estar siempre en estado de alerta.

Pedro se atreve a preguntar a Jesús si la llamada a estar siempre despiertos es sólo para el grupo de seguidoras y seguidores más cercanos. Jesús no le contesta directamente pero, por medio de una parábola, le hace ver que el mensaje está dirigido a todas aquellas personas que quieran seguir al Maestro de Galilea. Y nadie se puede excusar diciendo que no sabe lo que tiene que hacer, porque es deber de cada creyente estar bien informado y asumir con responsabilidad la misión que se le ha encomendado.

Las tres parábolas presentadas en el evangelio de hoy representan la condena de un estilo cristiano somnoliento, distraído, apagado, cansado, con todo hecho, al final del camino. Las parábolas constituyen una invitación a un compromiso inteligente, a un servicio diligente, a una apertura hacia lo imprevisible, a insertar en el cuadro de un orden razonable el elemento sorpresa, a dejar brotar desde dentro de nuestros miedos y temores la flor de la esperanza.

Las parábolas de Jesús que hemos leído hoy ilustran una gran verdad. La religión se convierte en una casa donde los servidores se despreocupan de su oficio y se dedican a servirse a ellos mismos descuidando sus obligaciones. Se acerca el día en que llega el dueño y juzga a los de la casa como traidores por no hacer lo que les correspondía.

Uno de los cambios fundamentales para Jesús era que los discípulos comprendieran que el servicio a Dios consistía en la construcción de la solidaridad entre los seres humanos. De modo que la religión, sin abandonar sus ritos y sus símbolos, pasara de ser un deber social y externo a ser un compromiso con los demás y una cálida relación con Dios.

El cristianismo enfrenta en la actualidad un gran reto. Es religión “oficial” en muchos países y su poder y cobertura han crecido hasta el límite… pero la casa se halla abandonada. Cada iglesia trata de salvaguardar su espacio y su poder sin buscar un consenso que permita a todos crecer en fidelidad y servicio. ¡Que no llegue el Señor y encuentre a sus servidores luchando sólo por ocupar el cargo más alto y por tener más poder en la casa!

Hoy también nuestras comunidades cristiana están formadas, en su mayor parte, por muchas mujeres y unos cuantos hombres débiles, sencillos, sin poder ni prestigio social. A ellas y ellos el Padre sigue entregando el Reino. A ellas y ellos también se les sigue pidiendo dar frutos de amor y de justicia.

Como comunidad cristiana necesitamos estar siempre en estado de alerta contra la tentación de poner las cosas del Proyecto de Vida Digna en un segundo lugar, contra la tentación de la irresponsabilidad y la inconstancia en nuestro trabajo por lograr mejores condiciones de vida. Por otro lado, debemos rechazar contaminarnos con la forma de vivir de esta sociedad neo-liberal en que vivimos que intenta invertir los verdaderos valores, haciendo pasar como bueno lo que nos perjudica. Necesitamos tener las lámparas encendidas y las faldas y pantalones bien puestos.

 Para la plegaria de las y los participantes:

  • Para que nuestro cumplimiento del deber y nuestra actitud constante de alegría y servicialidad sean la mejor actitud de vigilancia. Roguemos…
  • Para que al esforzarnos por mantener nuestras luchas hagamos memoria delas y  los testigos de la fe que han iluminado nuestro camino en nuestra vida. Roguemos…
  • Para que hagamos de los bienes y los valores del Proyecto de Vida Digna nuestro tesoro y tengamos así nuestro corazón lleno de alegría al servir con generosidad. Roguemos…

Exhortación final: La Palabra escuchada y el  pan compartido han fortalecido nuestra fe. Al escuchar la llamada de Jesús a estar preparadas y preparados y en actitud de alerta nos sentimos comprometidas y comprometidos a seguir formando comunidades comprometidas con el Proyecto de Vida Digna y liberada, con el servicio a las y los hermanos más débiles. Sabemos que no tenemos excusas para dejar de realizar la misión que se nos ha encomendado. Sólo necesitamos decisión aunque estemos conscientes de que formemos parte del “pequeño rebaño” de Jesús. La fuerza del Espíritu nunca nos abandonará.

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