Todos nuestros muertos, todas nuestras muertas | Monseñor Romero, ¡presente!

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De mi parte, queridos hermanos, no quisiera tener vida como la tienen muchos poderosos de hoy, cuando no viven de verdad, viven custodiados, viven con la conciencia intranquila, viven en zozobra. ¡Eso no es vida! «Si cumplís la ley de Dios, viviréis». Aunque me maten, no tengo necesidad… Si morimos con la conciencia tranquila, con el corazón limpio de haber producido sólo obras de bondad, ¿qué me puede hacer la muerte? Gracias a Dios que tenemos esos ejemplares de nuestros queridos agentes de pastoral, que compartieron los peligros de nuestra pastoral hasta el riesgo de ser matados. Yo, cuando celebro la eucaristía con ustedes, los siento presentes. Cada sacerdote muerto es para mí un nuevo concelebrante en la eucaristía de nuestra arquidiócesis. Sé que están aquí dándonos el estímulo de haber sabido morir sin miedo, porque llevaban su conciencia comprometida con la ley del Señor: la opción preferencial por los pobres.

Monseñor Óscar Romero, Homilía 2 de septiembre de 1979

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