Experiencias en Haití

Ya he estado unas tres veces en Haití. Todavía se ve la miseria y los escombros en las calles. No hay signos de que se esté realizando acción alguna para recoger los escombros. La gente, inmutada, sigue vendiendo sus ropas y frutas cobijada por edificios ya maltrechos por el terremoto, con riesgo de perder sus vidas ante cualquier posible réplica. Las calles, llenas de lodo, sucias con mucha gente caminando de aquí para allá, afanadas en el comercio informal. Las iglesias, muchas, presentes. Los rostros tristes tienen un dejo de desesperanza y a la vez de tesón que poco a poco se va adquiriendo.

Uno de los principales retos que afronta este período post-terremoto para las iglesias es la incidencia que estas pueden tener en cuanto a que las comunidades se empoderen y empiecen a crear formas creativas de autosostenibilidad. Es este un tiempo para trabajar en el liderazgo infantil y juvenil, de cara a ir creando y forjando una micropolítica haitiana diferente, que vaya dejando atrás la estela de usufructos personalistas que ha sufrido Haití en cuanto a sus dirigentes políticos.

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