Prácticas antiguas | 02 | De lo contemplativo y lo comunal a lo misional

Finding our way again: the return of the ancient practices. 2008. Brian McLaren. Nashville: Thomas Nelson.

Continuamos con nuestro comentario de lectura del más reciente libro de Brian McLaren, conocido escritor y conector de redes a nivel mundial.

Una de las frases que resume lo que se propone el libro la encontramos en las pp. 120 y 121. McLaren cita a Jim Wallis, cuando señala:

[Imaginémonos] que vamos caminando por un sendero al lado del río, humildes, orando y contemplando la naturaleza, con Dios. De pronto, escuchamos a alguien pidiendo auxilio, atrapado en la corriente. Nos sumergimos de pronto en las aguas y le rescatamos. Eso es mostrar consideración. Entonces de pronto, escuchamos más gritos y logramos poner a salvo a más personas, cada vez mostrando más consideración a las personas. Eventualmente, mientras más personas se reunan y más y más gritos de auxilio se presenten, tenemos que detenernos y exclamar: «¡Un momento! ¡Varios de nosotros debemos ir allá arriba a ver quién es que está tirando a la gente al río y detenerle!» Eso es hacer justicia (pp. 120, 121).



Cuando leí esto me detuve a meditar en varias inquietudes:

  1. ¿Cuántas veces nos hemos detenido solamente en llevar una vida santa, pía y que agrade a Dios, descuidando lo importante que es alimentar nuestra fe con las experiencias de los demás?
  2. ¿Cuántas veces pensamos que es suficiente con tener una vida santa, pía y que agrade a Dios y asistir a un edificio que denominamos iglesia?
  3. Más aún, ¿nos hemos puesto a pensar qué tanto hemos estado alejados de tener un estilo de vida misional, aquel que donde ve injusticia la denuncia y hace algo al respecto?

Tres aristas componen la vida religiosa—de cualquier religión o creencia—: la vía contemplativa, la vía comunal y la vía misional. Las tres se complementan y no están separadas una de la otra. La vía contemplativa se refiere a «aquellas prácticas para mejorar o mantener la salud y bienestar del alma» (p. 91).

ⓒ Contemplativ'attitude, François Raimbaud | L'Anse aux Moines, Francia

ⓒ François Raimbaud



Via contemplativa como amor por la sabiduría

La tradición cristiana contemplativa bebe mucho de la tradición hebrea del Tanaj—el conjunto de libros que es denominado Antiguo Testamento por la cristiandad—. La tradición filosófica griega tiene su corazón en el concepto de que filosofía significa literalmente amor por la sabiduría. De este concepto tomó la tradición sapiencial judía en donde en muchos de sus escritos se personifica la Sabiduría como única forma de conocer a Dios. Una de las declaraciones más conocidas sobre la Sabiduría la encontramos en los Proverbios 7, 4: «Hermánate con la sabiduría y emparenta con la inteligencia». Se señala aquí que para vencer la seducción de la mujer ajena y extranjera—en este caso del texto—debe de emparentarse uno a tal nivel con la Sabiduría que la considere como a su hermana.

En una lectura cuidadosa a la denominada Primera colección salomónica de los Proverbios (1, 8—9, 18) se descubren tres pregones de la Sabiduría (1, 20—33; 8, 1—36 y 9, 1—6). Mientras el segundo pregón llama a responder con sabiduría ante la seducción de la mujer ajena y extranjera, el primero llama a actuar de similar manera ante las seducciones de las malas compañías y los malvados. Al final de la colección, aparecen dos fiestas antagónicas: la de la Sabiduría—que es el tercer pregón de 9, 1—6—y la de Doña Necedad (9, 13—18). En ambas fiestas, antagónicas y antitéticas entre sí, sale a relucir la frase «que los inexpertos vengan aquí». Todas y todos están invitados a la fiesta de la Sabiduría, donde el conocimiento y la inteligencia no conoce clases, ni etnias, ni condiciones.

La fiesta de la sabiduría nos permite experimentar de diversas maneras al Dios vivo (p. 92). De este modo nos preparamos a ser soprendidos por la gracia.

¡Que comience la fiesta!


Via comunitiva: nuestro camino, nuestra liturgia, nuestra fe

Si la via contemplativa se refiere al camino interno en donde nos vemos reflejados en el estado de nuestras almas, la via comunitiva se refiere al camino colectivo que juntos vamos siguiendo.

Señala McLaren que estas prácticas comunitarias son un paso más allá: de práctica solitaria a práctica comunitaria; de ayuno personal a fiesta colectiva; de estudio bíblico individual a lectura popular de la Biblia. las prácticas individuales no resultan permeadas si no se las acompaña con preservación oral comunitaria a través del tiempo y del espacio (p. 100).

Ya adentrándonos en el tema de la liturgia, esta palabra significa literalmente «el trabajo de la gente», o «servicio público». McLaren propone una nueva definición de liturgia como «los ejercicios de la gente» (p. 101).

A través de la liturgia nos preparamos a discernir «las señales de los tiempos». La liturgia no es un conjunto de normas de culto, es parte fundante de la vida religiosa.

ⓒ Jim Crotty

ⓒ Jim Crotty



Excurso: cinco tesis sobre liturgia y corporeidad

A fines de ilustrar cómo se funde la liturgia con la experiencia corporal entendida como un todo, me permito señalar brevemente cinco tesis en las que he estado meditando recientemente:

1. La liturgia es expresión última de encontrarnos con la divinidad; comienzo, proceso y final.

2. La corporeidad se expresa como un todo en la liturgia, no parcialmente.

3. La corporeidad es plenaria e individual a la vez; expresión comunitaria y expresión de la persona.

4. La mesa, el altar, el círculo, son imaginarios del encuentro plenario en la liturgia.

5. Lo que llevamos a la mesa, el altar o el círculo, es lo que nos vincula desde nuestros propios cuerpos con la plenariedad comunitaria de la liturgia.

La liturgia como clímax es también recuento o recuerdo de experiencias. Lo que vamos viendo o experimentando en la liturgia lo infundimos desde lo que ya ha ocurrido, resignificando nuestras praxis tanto si es en un comienzo, en un proceso o en un final.


Una nueva especie de prácticas comunitarias

McLaren divide las prácticas comunales en: prácticas de llegada, prácticas de acogida y prácticas de escucha. Las prácticas de llegada se refieren a aquellas de preparación y hospitalidad a la hora de llegar al lugar de cofradía—sea cual fuese—; las de acogida son aquellas que involucran quietud, invocación y canto; las de escucha involucran la atención, la interpretación y discernimiento, la confesión y garantía de perdón—que en República Dominicana sólo he visto en las comunidades bautistas—, entre otras.

Que estas prácticas comunitarias se lleven a la práctica resultando en un hábito, depende en mucho de la esperanza, el ánimo mutuo y la estimulación entre las y los fieles.

En cuanto a la música que tocamos y cantamos en nuestras iglesias, retomo la Carta abierta a los escritores de canciones de adoración, que escribiera McLaren y fuera publicada por primera vez en la revista Worship Leader:

La Biblia está llena de canciones que lloran, canciones más tristes que los blues, canciones que sienten la agonizante distancia entre lo que esperamos y lo que tenemos, entre lo que podríamos ser y lo que somos, entre lo que creemos y lo que vemos y sentimos. La sinceridad es perturbadora, y las canciones de lamento no siempre terminan con la típica frase trillada de una tarjeta de saludo para tratar de mitigar el dolor. A veces pienso que estamos demasiado felices; la única forma de volvernos más felices es volvernos más tristes, sintiendo el dolor de los enfermos crónicos, los desesperadamente pobres, los enfermos mentales, los solitarios, los viejos y los olvidados, las minorías oprimidas, la viuda y el huérfano. Este dolor debería abrirse camino en el canto, y estos cantos deberían abrirse camino en nuestras iglesias. Lo amargo hará más dulce lo dulce; sin lo amargo, lo dulce puede volverse empalagoso, y demasiadas de nuestras iglesias se parecen a Disneylandia. ¿Es mucho pedir que seamos más sinceros? Dado que la duda forma parte de nuestras vidas, dado que el dolor y la espera, y la desilusión aún no resuelta son parte de nuestras vidas, ¿no pueden estas cosas verse reflejadas en las canciones de nuestras comunidades? ¿Acaso cuando cantamos interminablemente acerca de la celebración no pierde su vitalidad (y aun su credibilidad) si no cantamos también acerca de la lucha?



Más claro ni el agua. En muchas ocasiones, las canciones que cantamos en nuestras comunidades de fe incuban inactividad y mutismo ante la injusticia social. Porque simplemente no cantamos también acerca de la lucha. Es menester recuperar el lado humano de la vida en nuestras canciones.


Via activa o cuando la praxis se hace presente

El tercer y último filamento del triángulo que nos ocupa es la via activa o vía misional. Este debería ser el corazón de toda iglesia o comunidad de fe. Muchos de nosotros sabemos que en la mayoría de los casos las comunidades de fe prefieren enfocarse solamente en la salvación de las almas que en cuestiones que atañan a sacar del atolladero a mucha gente excluida, oprimida o marginalizada por los sistemas imperantes.

La pregunta básica que se hace el autor en este punto es: «¿Trabaja la misión de Dios desde el individuo al mundo, o desde el mundo al individuo?» (p. 115). A seguidas pone a consideración dos formas de pensar sobre la formación espritual: en la primera, Dios desea sanar el mundo, y para esto se vale de personas que deberán ser más sanas para no seguir propagando la epidemia (me recuerda esto la imagen de los eipidemiólogos que en Hong Kong examinan a las y los pasajeros para ver si presentan síntomas de gripe A H1N1). En la segunda, Dios desea salvar a los individuos. Estos son la primera prioridad de Dios. Mientras más personas sanas haya, el mundo será un mejor lugar para vivir, como resultado de esto.

Ambas posiciones integran lo personal y lo global. Podemos pensar en cuanto a este punto en el medio ambiente y la crisis que lo asedia y que nos toca a todos de una manera u otra. Si Dios nos ha llamado como discípulos que aprenden y como apóstoles que enseñamos y servimos, también nos debe importar nuestra tierra, nuestra aldea que nos cubre que está sufriendo tanto daño. Aquí entran las disciplinas espirituales. No es un asunto de cliché, sino de vida. No es asunto de aprendizaje forzado, sino de aprendizaje transformador. No es un asunto de interpretar los cataclismos como juicio divino o señales de que los tiempos se acaban, sino de verlos como discurrir consecuencial de nuestras vidas humanas, que en ocasiones infringimos daño a nuestro medio ambiente, sin reparar en que le estamos tirando dardos a un techo de cristal, y este puede derrumbarse en cualquier momento.

Un discípulo bien formado pasa del aprendizaje y de la enseñanza a la acción. De la ortodoxia a la otropraxis. Del pensar correctamente al actuar correctamente. Así, a la manera de Jesús, sorprendiendo con nuestras acciones, desconcertando los esquemas establecidos. A la manera del buen samaritano, compasivo con el desamparado y marginalizado.



Leer la primera parte de esta reseña, Prácticas antiguas | 01 | La fe como un sistema de creencias y como un estilo de vida.

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