Dies Irae 3 | «¿Por qué me pegas?»

Jesús de Nazaret ante Anás


Siempre escuchamos en sermones una de las tantas máximas del Sermón del monte de Jesús de Nazaret: «No recurráis a la violencia contra el que os haga daño. Al contrario, si alguno te abofetea en una mejilla, preséntale también la otra» (Mt 5, 39b.c). Este antiguo texto parte de la Fuente Q -al igual que su paralelo de Lc 6, 29- ha sido tradicionalmente interpretado en el sentido de que ante la violencia debe mantenerse una actitud de pasividad («como ‘ovejas de Cristo’ que somos»), que lleva como consecuencia a un mutismo ante toda opresión e injusticia. Lo cierto es que este pasaje responde culturalmente al código de honor y vergüenza, precepto cultural que regía a la sociedad del Oriente Próximo en el siglo I, en el cual se les enseñaba a las personas a resguardar su honor y a huir de la vergüenza. Perder el honor era cosa grave y se hacía todo lo posible por ganarlo. En muchos casos, los preceptos rituales rabínicos formulados varios siglos antes no respondían a las nuevas situaciones de opresión del pueblo judío. Se puede ver a Jesús en su Sermón del monte cómo critica y reformula aquellos preceptos que, en muchas ocasiones, creaban un ambiente violento y proclive de ahondar aún más la opresión que sufría toda Judea y Galilea por parte del Imperio Romano.

Al respecto del texto que nos ocupa, señala José Antonio Pagola que

[l]a propuesta responde plenamente a la forma de actuar de Jesús y parece ser su desesperado intento por erradicar del mundo la injusticia sin caer en la violencia destructora. Jesús no está alentando a la pasividad. No conduce a la indiferencia ni a la rendición cobarde ante la injusticia. Invita más bien a ser dueños de la situación tomando la iniciativa y realizando un gesto positivo de amistad y de gracia que puede desconcertar al adversario.[1]



Y ese «desconcierto» es lo que neutraliza la violencia. Pues cuando se recurre a un recurso mimético violento la onda opresora se expande, causando el que los Otros actúen de la misma forma. Esos «Otros» son los sistemas que hemos ideado para que funcione nuestro mundo.

El Proyecto de Dios requiere de más «desconciertos» como ese. No se trata de quedarnos calladas y callados ante la injusticia; tampoco se trata de responder a la opresión con opresión; pero de ninguna manera se trata tampoco de crear una burbuja en la que danzan angelitos famélicos y regordetes contentos de estar bien recluídos del espacio exterior que los acosa. Se trata de nombrar a la injusticia donde quiera que esta se presente; responder a la opresión con iniciativas no violentas que cambien nuestros entornos y salirnos de esa burbuja en la que nos hemos recluido por tanto tiempo.

No nos dejemos pegar en la otra mejilla.

Al borde de ser ejecutado, Jesús no dudó en denunciar el escarnio del que era víctima:

El sumo sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y sobre su enseñanza. Jesús le respondió:

— Yo he hablado siempre en público a todo el mundo. He enseñado en las sinagogas y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos. No he enseñado nada clandestinamente. ¿A qué viene este interrogatorio? Pregunta a mis oyentes; ellos te informarán sobre lo que te he dicho.

Al oír esta respuesta, uno de los guardias que estaban junto a Jesús le dio una bofetada, al tiempo que lo increpaba:

— ¿Cómo te atreves a contestar así al sumo sacerdote?

Jesús le replicó:

— Si he hablado mal, demuéstrame en qué; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?

Lc 18, 19-23

El pasaje puede ser interpretado como una protesta velada en contra de la cognitio extra ordinem, que según señala Pagola, era el procedimiento judicial que se seguía en casos como el de Jesús. En ese procedimiento, solamente se escucha la acusación, se interroga al acusado y se evalúa la culpabilidad para luego dictar sentencia (Pagola, pp. 385, 386). Como se ve en el pasaje, Jesús demanda sea escuchada la ‘defensa’ («Pregunta a mis oyentes»). Es por esa osadía que el guardia lo abofeteó. Cuando tenía que hablar y defenderse, Jesús hablaba y actuaba. Hagamos lo mismo.

Referencias:

[1] José Antonio Pagola. 2007. Jesús: Aproximación histórica. Madrid: PPC, 8ª ed., pp. 264, 265.

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