Reino de Dios e iglesia

Alfred Loisy

Jesús anunció el reino de Dios, y lo que vino fue la iglesia.

Alfred Loisy (1857-1940), en L’Evangile et l’Eglise (París, 1902), p. 111, citado por Antonio González en El evangelio de la paz y el reinado de Dios (Buenos Aires: Kairós, 2008), p. 84.

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Leyendo esa frase me quedé meditando en varias preguntas que se desprenden de la misma:

  1. ¿Al llegar la iglesia, «fracasó» el proyecto del reino de Dios?
  2. Noto en la frase una «descontinuación» de la historia de la salvación, como si esta se hubiera interrumpido a la llegada de las primeras comunidades cristianas. ¿Es posible esa interrupción?
  3. ¿En dónde encajan aquí los conceptos de Χρόνος (Khrónos) y καιρός (Kairós)? ¿O se están entremezclando ambos términos?

Señala González que Loisy con ello criticaba el individualismo liberal de Adolf von Harnack (1851-1930), sosteniendo la continuidad entre reino de Dios e iglesia.

Conversemos…

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6 pensamientos en “Reino de Dios e iglesia

  1. Señala mi profesor Robert Bueno:

    «La llegada de la Iglesia ha sido terrible… sin comprender el Reino… La iglesia tiene que recuperar el imaginario del Reino para vivirlo y actuarlo todos los días de su caminar.»

  2. La iglesia como tal es un desprendimiento del Reino de Dios, y es la vez, en su trayectoria ha sido una mala copia de dicho Reino. El reino de Dios es todo lo que Jesús dijo que era, la iglesia en cambio en su transito fallido trata de seguir la imagen del reino que propuso Jesús. Como fracaso, aun no ha liquidado su andar, pues sigue vigente. Como continuidad, se hace traslucir como imagen nata del Reino pronunciado de Dios, teniendo en cuenta, que no es iglesia, sino denominacionismo, aunque todo aquel que le adorare se constituye iglesia.

  3. Gracias por tu comentario, Alberony. De hecho, me surge ahora el tema de la institucionalización del grupo de «los del Camino», como se c0nocieron las primeras comunidades cristianas. Esto se debió entre otras razones, a la necesidad de esquematizar el testimonio apostólico y que este no discurriera en «herejías e interpretaciones falsas» de ese testimonio.

    Y ahora surge esta cuestión: ¿Es que acaso la Iglesia no ha subvertido el orden jerárquico que debió subvertir, cambiando el curso y orden de las cosas que podía cambiar como por ejemplo no repetir el mismo pathos de las instituciones del Imperio? La respuesta está a la vista y es obvia.

    Si entonces la Iglesia como institución ha fracasado (vuelve la retórica), ¿no será necesario un cambio radical «desde abajo» como señala González en su libro? ¿Y cuáles son los principales filamentos que hay que tomar en cuenta para lograrlo?

  4. Saludos!! Buen libro de Antonio Gonzalez, que te parecio Nata o que te esta pareciendo?
    Alberony muchacho!!! creo que el comentario de Alberony es bien atinado principalmente su final: “aunque todo aquel que le adorare se constituye iglesia.” Particularmente creo que la iglesia, aunque en gran parte afirma ser una extension terrestre de un reino espiritual que Jesus llamo el Reino de los Cielos, se parece mas a un reino humano con sus jerarquias y piramides de poder que al reino que Jesus ha venido a establecer. ha pasado mucho tiempo (2000 de esos que llamamos years) y ya deberiamos hacer lo que hay que hacer. Esperare ansioso tu articulo Nata…
    Dios os bendiga!

  5. La finalización del siglo I viene a ser la rotura de la iglesia que Cristo soñó. Ese cambio temporal hizo que la iglesia se hiciera mas humana, que se hiciera mas fuerte la jerarquización, que surgiera una teología con condimento filosófico, que el debate se hiciera mas publico. Esa iglesia que plantea la biblia, se parece mas una grupo utópico, que ha quedado atras, pues como dije, el denominacionismo ha arropado su contenido. Ahora, todos decimos que somos iglesia, pero detras de nosotros hay una denominacion, que de algún modo deja de lado algún enunciado de la iglesia primitiva. Todo somos puñados de una iglesia que fue y que queremos ser.

  6. Fausto,

    Lo estoy leyendo actualmente. Es excelente, especialmente su tesis de que el cambio debe venir «desde abajo», pero lamentablemente nos vamos por el lado que nos conviene, o por el totalitarismo hegemónico o por el liderazgo de un solo grupo.

    Tomo el tema del denominacionismo que señala Alberony. Desde finales del siglo I ya se veían los visos del helenismo en la fe cristiana. De hecho el lenguaje de varias de las cartas paulinas y deuteropaulinas así lo confirma. De ahí se desprendieron, más tarde, diversas corrientes de pensamiento en la misma Iglesia. Todo devino en cómo se entendía la persona de Jesús. Es tristemente cierto que hoy cada quien hala para su lado en cuanto a teologías denominacionales se refiere. Incluso parece importar más el enfoque de una denominación en particular que la misma unidad.

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