
Por Natanael Disla
Y al orar no repitan ustedes palabras inútiles, como hacen los paganos, que se imaginan que cuanto más hablen más caso les hará Dios.
Mateo 6,7
Aclamen al Señor, hombres buenos;
en labios de los buenos, la alabanza es hermosa.
Den gracias al Señor al son del arpa,
cántenle himnos con música de salterio,
cántenle un nuevo canto,
¡toquen con arte al aclamarlo!Salmo 33,1-3
La oración, como disciplina espiritual que es, nos invita a adentrarnos dentro de nosotros mismos, para hacer un alto en el camino, en introspección, y seguir nuestro camino de activismo piadoso.
En ocasiones corremos el riesgo de que la oración sea un cliché. Que la veamos como una forma de que Dios nos resuelva nuestras apetencias personales, como si fuera él un genio de botella.
La oración debe ser hecha desde y con el corazón. Con arte. El arte despierta los sentimientos más humanos sobre la belleza. La oración hecha con arte se convierte en un bálsamo que une nuestro intelecto y nuestro corazón en una sola pieza.
La oración debe unirnos. El arte con el que la hagamos conectará el cosmos con nosotros mismos y con Dios en una danza sin fin.
Para la oración
Dios bueno y de paz
La vida rápida de hoy nos hace descuidarnos de lo importante
Hemos perdido la belleza en la oración
Que el arte que infundes en el cosmos
Llegue a nosotros en una sola pieza
Mente y corazón
Corazón y cuerpo
Razón y emoción
Toda una
Que tu bálsamo recorra nuestros cuerpos
Y que al orar lo hagamos con arte
Apreciando la belleza sin fin
De vidas bien vividas y por vivir