Para conocer más a Elsa Tamez

Vía Verbo Divino:

Si fueras un libro, ¿De qué género sería? ¿Qué historia contaría? ¿Protagonista, personaje secundario, autor, paisaje, narrador…quién serías? ¿Qué final le pondrías? ¿Qué título elegirías?

La verdad soy un libro. Quien me ve lee mi historia: de dónde vengo, mi presente y mis sueños. Soy un cuerpo que narra historias a aquellos lectores que quieran escudriñar la Palabra para comprometerse con Dios a través del pueblo moreno, preñado de deseos de vivir una nueva vida. Mis destinatarios son distintos: comunidades de base, académicos, cristianos y no tanto. Todos con deseos de descubrir nuevos sentidos en las historias que orienten el caminar de una vida con sentido. Soy narradora en diálogo directo con el lector justamente para experimentar sus suspiros o insultos. El final no tiene fin porque con cada lector diferente cada historia, o la misma historia, tendrían un final distinto. Si el libro es un ser viviente fijar un título es una trampa porque clausura sentidos del texto. Si es obligación tener título entonces se lo pondría al morir y creo que se llamaría Espejos o Caleidoscopio.

Si fueras un olor, ¿cuál sería? El de una biblioteca, la de la Universidad de Lausanne, por ejemplo.

Si fueras un sonido, ¿cómo sonarías? Como el de la campana de una escuela que llama al recreo.

Si fueras agua, ¿dónde estarías? En un pozo fresco y sin contaminación, donde la gente puede tomar agua con confianza.

Si fueras luz, ¿dónde irías? A los barrios donde no hay electricidad.

Si fueras una casa, ¿cómo sería? Con muchas ventanas para ver el horizonte, y muy acogedora para las visitas.

Si emprendieras un largo y definitivo viaje, ¿qué llevarías en tu equipaje? Invitaría una amiga y me llevaría mis papeles y algo de dinero. ¡Ah! y mi laptop.

Si Aladino te concediese dos deseos con su lámpara mágica, ¿qué pedirías? Que a mis dos hijos les fuera bien en la vida.

Si dirigieras un museo, ¿qué cuadro pondrías en la sala principal? Uno que muestre la ternura de los cuadros de Guayasamín.

Si subrayases una cita bíblica muy significativa para ti, ¿cuál sería? Jn 11,35: “Jesús se echó a llorar”.

Si pudieses compartir tertulia con una mujer bíblica, ¿con quién te sentarías un rato a charlar? Con María Magdalena, definitivamente.

Si pudieses elegir las palabras por las que te gustaría ser recordada, ¿cuáles dirías? Elsa, la que nos ayudó a releer la Biblia desde los excluidos.

Si te concediesen un premio, ¿por qué querrías que fuese? Por mi contribución a la relectura de la Biblia.

Si disfrutases de un paisaje, ¿qué estarías viendo? Un cielo muy oscuro lleno de estrellas.

Si te regalasen 2 minutos de publicidad en hora punta, ¿qué anunciarías? Siempre he rechazado la publicidad. No sé, tal vez algo de vida o muerte que necesite ser escuchado.

Si nos invitases a tu casa, ¿qué rincón especial nos enseñarías primero? Mi casa casi no tiene rincones, de entrada se ve todo por dentro y por fuera.

Si pudieses dar gracias por los cinco regalos más importantes de tu vida, ¿qué dirías? Mi madre, mi esposo, una maestra y amiga que se llama Irene, las dos instituciones que me marcaron (el Seminario bíblico donde estudié y el Departamento Ecuménico de Investigación DEI) y la teología de la liberación.

Elsa Tamez (nacida en 1950), mexicana residente en Costa Rica, estudió Literatura y Lingüística en la Universidad Nacional de Costa Rica e hizo su doctorado en Teología en la Universidad de Lausana (Suiza). Es profesora emérita de la Universidad Bíblica Latinoamericana y actualmente trabaja como consultora de traducciones de las Sociedades Bíblicas Unidas.